domingo, 27 de enero de 2019

En torno a la representación del cuerpo femenino en el arte

Creo que sí ha cambiado la visión que se tiene de lo femenino. Pero, curiosamente, el cambio ha venido de la mano de las propias mujeres que parecen empeñadas – obsérvese que entre “mujeres” y “que” no hay coma – en arremeter contra esa feminidad que tanto, y con tanto ahincó y con tanto espíritu imbuido del machismo que tanto proclaman detestar, dicen defender.

Y, centrándonos en el tema del taller y la representación del cuerpo femenino, opino que los hombres que a lo largo de la historia del arte lo han representado – obsérvese que entre “hombres” y “que” no hay coma – lo han hecho con bastante más respeto y delicadeza que las mujeres que – también sin coma ―, en su afán de protesta, lo representan en posturas y actitudes que resultan no poco groseras y sí bastante grotescas.

En cuanto a la anécdota (que yo desconocía) de que una feminista – indignada al parecer por la utilización como objeto del cuerpo de la mujer ― apuñaló a la venus del espejo de Velázquez, me parece que habría resultado más fino, más coherente y acorde con una forma de hacer netamente femenina, armarse no de cuchillo sino de lienzo y óleos y pinceles y, con ellos, dar la réplica con un “El Adonis del espejo”.

O, por otro ejemplo, en replica (o revancha) a Manet y a su Olympia, otro cuadro – pero eso sí, por favor, tan bueno y tan bien pintado como el de Manet – en el que en lugar de la prostituta aparezca un gigoló.

Si las mujeres, las de verdad, saben y pueden – sin esgrimir en sus manos tan blancas arma alguna - ser infinitamente más incisivas e hirientes, y provocadoras que los hombres, me pregunto por qué tanto denuedo (insensato a mi juicio) en destruir su propio espíritu, y su propia esencia, y su propio principio, tan del todo imprescindible para el desarrollo integral del ser humano como el principio masculino.

Así que, como escuché a alguien una vez, mejor no pelearnos y vamos a llevarnos bien… lo que haya que llevarse.