domingo, 19 de noviembre de 2017

Texto 13.4

Publicado por El Aventurero el Nov 19, 2017 en Prólogo a la carta número trece. El impulso constante.

13.4 “Entre los símbolos analógicos más relevantes que se conservan está uno del que bebieron la mayoría de las doctrinas y que se atribuye al viejo pensamiento brahmánico. La representación de la Trimurti ha ido implantándose con variantes en las religiones solares e incluso imprimiendo su sello en las del Libro. Según la Trimurti, el juego de la Naturaleza se lo distribuyen tres dioses, tres atributos en constante dinámica de acción reacción que hacen y deshacen los nudos que forman el milagro de la vida. La primera representación, el impulso creador, corresponde a Brahma, Brahma es el dios que abre el camino del arte, del amor y del trabajo. A su majestuosidad y generosidad se le debe todo el respeto, él conjuga las leyes de la materia para convertirlas en una vida superior, es el dios de los héroes, de los músicos y de los filósofos. La segunda persona de la trinidad Trimurti es Vishnú, el Conservador que se encarga de fijar las experiencias sopladas por Brahma para ir formando la memoria espiritual de la Humanidad, es el símbolo de la prudencia conservadora y el guardador de tesoros, sus altares están llenos de ofrendas de comerciantes, agricultores y propietarios. Hoy podría ser el símbolo favorito de todos los funcionarios. En la tercera representación brahmánica encontramos la clave de la fuerza simbólica que encierran las otras dos. Shiva es el dios de la destrucción, desde este atributo podría pensarse que es el demonio. Pero Shiva permite que Brahma pueda volver a nacer desde la línea del tiempo y que venga con la experiencia que aporta Vishnú.”



COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Brahma, Vihsnú, Shiva componen la Trimurti. Distribuyen el juego de la vida, hacen, deshacen nudos, nudos que crean el milagro de la vida. Importa mucho el equilibrio, la no supremacía en la Trimurti.
Brahma debe ser el gran Creador, el Padre, ese ser todo bondad y majestad al que se debe respeto, que nos abre caminos, que nos muestra la grandeza de ser hombres que deben llegar a ser dioses.
Vihsnú conserva y sella la experiencia de Brahma, imprime carácter, nos fija la memoria evolutiva, nos entrega carisma.
Shiva, como viento huracanado, barre y destruye excesos, protuberancias, limpia los canales por los que deberán fluir renovados las creaciones de Brahma, las energías limpias que de él emanan y que Vihsnú sella como nuevas experiencias.
No debería romperse este equilibrio. No debería Brahma solamente ser el más grande, sería un dios solitario, ignoto, inaccesible; ni Vihsnú convertido solamente en conservador con un peligro de rutina, repetición, posesividad materialista; ni Shiva desmesurado como titán destructor lejos de la redención.
En nuestro caminar, en nuestra apuesta para evolucionar, deberemos intentar la búsqueda del equilibrio, ese difícil equilibrio; saber que las Parcas, Moiras, crean el hilo de la vida, lo tejen, lo cortan y ninguna supera a otra. Las tres se conjugan para que demos el paso de rana a príncipe que nos relata Federico García Lorca. Igual ocurre con la pata de oca, el tridente de los pueblos atlánticos.
Todos estos pueblos desde el nacimiento del sol hasta su muerte nos enseñan lo mismo con distinto lenguaje; nos dan las claves para que podamos leer las páginas del libro de nuestra vida, todas ellas, por mucha dificultad que suponga, por mucho que sea el esfuerzo. En nosotros hay un dios que descubrir. Leer las páginas del libro de nuestra vida, tener fe en nuestro destino, cabalgar los radios que van hacia el sol, cruzar el puente que nos acerca del estar al ser, del ego a Io (nuestro yo, nuestra identidad), haber escuchado al maestro, seguir sus indicaciones de pontífice, saber que podemos deshacer pacientemente el nudo de Gordio, ese ocho místico que labra nuestro caduceo, que concluye con dos sierpes entrelazadas que se extienden como alas, todo ello para dar y recibir amor.
Querer y poder, todo esto porque podemos, porque debemos, porque no nos contentamos con un pájaro en mano, queremos cien pájaros volando.