lunes, 30 de octubre de 2017

Orror de herrores

Caminaron en silencio y se encontraron perdidos, entre el sueño y la vigilia, en mitad de un tiempo muerto, frenéticos, ensordecedores arrebatos de destiempo; y todo a contravoz, a luz en cuello.

domingo, 8 de octubre de 2017

Texto 12.42


Publicado por El Aventurero el Oct 8, 2017 en Duodécimo mensaje. La noria de los ángeles.

12.42 “Todas las células, todos los sistemas, cada poliverso humano describe un ritmo subordinado del que es subsidiario, y todos, desde los más diminutos e imperceptibles hasta los más evidentes comandados por la respiración, están sellados en un pacto de alianza para borrar las tinieblas y renovar el mensaje que el hombre parece querer olvidar: contempla tu posibilidad porque el hombre sigue siendo posible.”



COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Doce impulsos. Doce Madres que van a cuidar del Yo profundo: Io, la Inteligencia, la Kore… La cuarta Madre la curtirá en el amor, subirá al monte Merú, la enseñará todos los paisajes. Es la quinta rueda, chakra de la voz, donde Kore llegará a ser Señora y compañera de la Madre; es la xiringa del afinador, la lira de Apolo, de Orfeo: el sentido del Ritmo. Ahí confluyen las dos energías, las cabezas de la serpiente del Caduceo, que deberán extenderse como alas buscando y dando la infinitud del Amor, la energía del Amor. Ya en la frontera del tiempo, Orfeo y el dios Pan —Iluminación y Ritmo— se preparan para absorber y hacernos llegar la experiencia del doce. Son las cinco Madres que aportan la conciencia del Yo. Es a ese reino donde deberemos bajar, como lo hizo Fausto a la búsqueda de Helena para desposarla en matrimonio místico. También Nietzsche, que se siente como Dionisos, el dios, que con tijeras de oro vendimiará y podará la vid sagrada, Ariadna, campana de Azur, su alma, su esposa. Y pasado ese Camino Real, en el Tálamo Nupcial, encontrar la unión sagrada, transcender las bodas de sangre para lograr la boda eterna.

Todo en nosotros es ritmo, también iluminación. Son dos los sentidos que iremos vislumbrando al llegar a la frontera del tiempo, a las praderas akásicas. Son dos los dioses que nos enseñan nuestra propia música, nuestra propia luz, en un pacto, una alianza que nos dice que somos posibles, que somos esa pequeña semilla de sésamo llena de fuerza evolutiva, vir-gen, que sólo necesitamos querer decir: ¡¡Ábrete!!, para que todos los tesoros, todas las maravillas escondidas, recónditas, surjan y nos lleven a caballo por el firmamento, al encuentro de nuestra alma, que espera.