jueves, 22 de junio de 2017

¡Brotará a borbotones la bravura

 de bragados brebajes barrigudos! 
¿O brindarán con “bravos” por las bridas de los breves bríos de la bruma bruñida las abigarradas burbujas de la brisa?

domingo, 4 de junio de 2017

Texto 12.30

Publicado por El Aventurero el Jun 4, 2017 en Prólogo a la carta número doce. La música de los biorritmos.

12.30 “Estos ciclos, que casi todas las culturas han seguido, se cumplen en su forma, pero naturalmente no en su esencia ni por supuesto en los resultados. Pero siguen diciendo los magos que el hombre que pasa por el desarrollo, memoria activa, estudio, actitud heroica, responsabilidad familiar, observación, duda, contemplación pacífica, espera de la sabiduría, entrega y actitud futura, puede morir tranquilo aunque no haya logrado conocimiento, iluminación y pureza, porque habrá asumido una parte suficiente de la responsabilidad que originó su nacimiento. La realidad es que todas las etapas se agolpan y se concentran en ciclos mucho más cortos, y las duraciones de cada paso no suelen ser una constante, por eso puede haber gente que en un solo escalón domine toda su vida.”



COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Se deduce de este texto que ya es importante pasar por todas estas etapas, aunque sean agolpadas.
Sin embargo, parece que es clave la distancia que pueda existir entre pasarlas en su “forma” y hacerlo en su “esencia”. A fin de cuentas cada uno de los conceptos que se citan admiten lecturas desde muy simples a muy complejas. ¿Cómo saber que has llegado a su esencia?
Incluso viviéndolas en su forma quizás sea necesaria una actitud que implique ser consciente de ello en alguna medida.
Pero, probablemente, si se pretende ir más lejos, profundizando en su significado y en sus connotaciones, se requiera una actitud de trabajo activo. No tanto a nivel intelectual como de atención a los matices que permitan ir desvelando y cayendo en la cuenta progresivamente de aspectos más y más sutiles asociados en cada uno a dichos conceptos.
Pero, para considerar que se ha asumido una parte suficiente de la responsabilidad que originó nuestro nacimiento, cabe suponer que habría que pasar por cada una de esas etapas de un modo especial. ¿Dependerá ese modo solo de ejercer un elevado nivel de autoexigencia o de factores ajenos a nuestra voluntad consciente?
En esta línea, y con más motivo, surgiría la cuestión de si el conocimiento, la iluminación y la pureza se alcanzan mediante ese trabajo de profundización consciente, o requieren un trabajo de otra naturaleza.
En todo caso, parece evidente que la responsabilidad de cada uno es, como decía la parábola, emplear los “talentos” que tiene. Empezando por los que tiene más a mano y le son más visibles. Lo demás, es posible que venga por añadidura.