domingo, 23 de abril de 2017

Texto 12.24


Publicado por El Aventurero el Abr 23, 2017 en Prólogo a la carta número doce. La música de los biorritmos.


12.24 “A los cuarenta y dos el hombre se mira al espejo, comienza el periodo de la duda que debe desembocar en el acercamiento a la vida espiritual”.



COMENTARIO DE EL AVENTURERO


Querer pertenecer a una ideología de vida que no es la propia (creo que ninguna ideología es propia de nadie) tiene una contrapartida: en algún momento te tienes que dar cuenta de tu equivocación, te queda algo por descubrir. Y eso siempre es bonito. Queremos mirarnos en espejos constantemente y, de repente, los espejos que proponía la sociedad ya no sirven. Crisis. A los cuarenta y dos años la crisis es obvia, no tanto porque nos hagamos mayores, sino porque ya no queremos mirarnos en espejos que no sean propios. Dudamos. Queremos alcanzarnos en el tiempo, en el cual nos hemos dejado interpretar por ideas que no nos pertenecían. Por eso, la metafísica se hace importante. Hay una necesidad de salir de uno mismo, de acompañar la situación biológica que nos empuja a mirarnos de otra manera. En nuestra sociedad también existe la percepción de que al acabar la juventud, acaba la valía, pero puede que, contradictoriamente, sea su comienzo, al menos con otra conciencia de ella. Por eso los cuarenta y dos años son tan importantes, porque las cosas que no hemos hecho existen, están presentes como viejos astros navegando en un mar de angustias. No las realizamos en su momento precisamente porque estábamos especulando. Dejar de especular y vivir, aunque nos digan que la vida ya se nos está pasando. Contradicción y duda. Podemos elegir entre no negar la vida o seguir enquistados dentro de la inocencia y la culpabilidad de toda una vida en muchos sentidos mal-gastada. Alcanzaros en el tiempo. No cernirnos sobre nuestros recuerdos como hienas que especulan sobre algo ya muerto. La memoria es poderosa, pero la memoria del espejo donde sí queremos mirarnos lo es todavía más. Por eso Bergamín dijo: “La vejez es una máscara y si te la quitas, descubres el rostro infantil de tu alma.”