domingo, 25 de septiembre de 2016

Texto 11.17

Publicado por El Aventurero el Sep 25, 2016 en Undécimo mensaje. Las cárceles de la razón.


11.17 “Los que persiguen inocencia están pudriendo las raíces de la vida donde reside el compromiso de la responsabilidad, son servidores de la jerarquía de la apariencia y guardan sus manos para que no sean manchadas por la geometría impura de la adolescencia, esconden la verdadera personalidad acorde con su estado, por lo que desatan con frecuencia una verdadera lucha interior impulsando y reprimiendo insistentes reacciones duales que apenas son convertidas en pensamientos. No se deleitan en ninguna paz real levantando apenas la curva del pranayama, convirtiendo la obsesión en pasividad bajo el pretexto de mansedumbre y paciencia. Han olvidado que nacieron con el compromiso de que el sadhaka debe estar alerta y no sólo ser testigo de cómo las memorias intervienen en los cruces del tiempo.”

COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Somos actores y generadores de la realidad. Moverse mentalmente entre el binomio inocencia-culpabilidad es de alguna manera evitar la responsabilidad de asumir este hecho.
La dualidad inocente-culpable no deja de ser una valoración moral, que nos lleva por un lado a lavarnos las manos y distanciarnos de la realidad (no me mojo), o a una penitencia que significa asumir una condena, tras la cual después de sufrir, volvemos a ser inocentes.
Esto está tan grabado en nuestro funcionamiento mental y social que es difícil entrever el juego que supone. Es un juego que no cree en las posibilidades del ser humano y en el desarrollo de su capacidad. Sobre todo en su capacidad de transformar la realidad.
“Responsabilidad” sería la vía tercera para salir de un comportamiento dual e infantil hacia un ejercicio activo y complejo de la vida.

En actitud activa se padece menos la vida y se ejerce algo más pleno.
¿Porqué tenemos tanto miedo, casi pavor a las consecuencias de nuestro actos, del ejercicio de vivir con plenitud? Pensamos que las consecuencias serán fatales y nos condenarán para siempre. Una condena hecha con leyes pequeñas desde una razón limitada, que nos mete en una cárcel.
Hay una Ley, más allá de las leyes que la sociedad ha creado, que es la que nos impulsa a superar la razón y la moral, y que tiene que ver con este ejercicio vital profundo, de responsabilidad, valentía y autenticidad. Desde este lugar, lugar de la acción, de la creatividad, lugar fronterizo donde los haya, es desde donde podemos impulsar y generar una geometría vital auténtica y ser más que testigos u observadores e ir al encuentro de una plenitud, de una alegría, de algo que debe ser muy parecido a la felicidad.