miércoles, 18 de mayo de 2016

Perífrasis que la señorita Violeta escribiera a la señorita Berta atendiendo a la petición que ésta le hiciese de que por favor le diera algunos ejemplos para poder hacerse una idea y tener una orientación de con qué obsequiar y cómo agradar y sorprender a la señorita Acracia en el día de su cumpleaños:


No quisiera aburrirte relatándote  que no podrías jamás imaginar cómo golpeaba el agua los cristales mientras estabas sentada en el cine mirando la película que habías elegido ver después de comer con tus primos cuando vinieron a ver patinar a la niña que había dicho que le hubiera gustado más aprender a hacer figuritas de papel que punto de cruz porque las labores de aguja no es ya que nunca hubieran sido la más notable de las habilidades que pudieran adornar a una joven como ella sino que y aun a pesar de que no las hubiera detestado como las detestaba jamás habría logrado hacerse merecedora de los elogios de los espectadores que ocasionalmente hubiesen tenido la ocurrencia de asistir a una representación que aun suponiendo que pudiera haber sido del agrado de los incondicionales no habría alcanzado a sorprender a tantos exigentes a los que todo les parece poco argumentando que siempre hubiera podido hacerse un poquito más aun en el caso tan a todas luces improbable de que el agua no hubiese golpeado los cristales mientras estabas sentada en el cine mirando la película que habías elegido ver después de comer con tus primos cuando vinieron a ver patinar a la niña que había dicho que le hubiera gustado más aprender a hacer figuritas de papel que punto de cruz porque las labores de aguja no es ya que nunca hubieran sido la más notable de las habilidades que pudieran adornar a una joven como ella sino que y aun a pesar de que no las hubiera detestado como las detestaba jamás habría logrado hacerse merecedora de los elogios de los espectadores que ocasionalmente hubiesen tenido la ocurrencia de asistir a una representación que aun suponiendo que pudiera haber sido del agrado de los incondicionales no habría alcanzado a sorprender a tantos exigentes a los que todo les parece poco argumentando que siempre hubiera podido hacerse un poquito más aun en el caso tan a todas luces improbable de que el agua no hubiese golpeado los cristales mientras estabas sentada en el cine mirando la película que habías elegido ver después de comer con tus primos cuando vinieron a ver patinar a la niña que había dicho que le hubiera gustado más aprender a hacer figuritas de papel que punto de cruz porque las labores de aguja no es ya que nunca hubieran sido la más notable de las habilidades que pudieran adornar a una joven como ella sino que y aun a pesar de que no las hubiera detestado como las detestaba jamás habría logrado hacerse merecedora de los elogios de los espectadores que ocasionalmente hubiesen tenido la ocurrencia de asistir a una representación que aun suponiendo que pudiera haber sido del agrado de los incondicionales no habría alcanzado a sorprender a tantos exigentes a los que todo les parece poco argumentando que siempre hubiera podido hacerse un poquito más aun en el caso tan a todas luces improbable de que el agua no hubiese golpeado los cristales mientras estabas sentada en el cine mirando la película que habías elegido ver después de comer con tus primos cuando vinieron a ver patinar a la niña que había dicho que le hubiera gustado más aprender a hacer figuritas de papel que punto de cruz porque las labores de aguja no es ya que nunca hubieran sido la más notable de las habilidades que pudieran adornar a una joven como ella sino que y aun a pesar de que no las hubiera detestado como las detestaba jamás habría logrado hacerse merecedora de los elogios de los espectadores que ocasionalmente hubiesen tenido la ocurrencia de asistir a una representación que aun suponiendo que pudiera haber sido del agrado de los incondicionales no habría alcanzado a sorprender a tantos exigentes a los que todo les parece poco argumentando que siempre hubiera podido hacerse un poquito más aun en el caso tan a todas luces improbable de que el agua no hubiese golpeado los cristales de manera que no voy a repetirte porque como te vengo de decir no quiero aburrirte ni ser reiterativa relatándote  que no podrías jamás imaginar cómo golpeaba el agua los cristales mientras estabas sentada en el cine mirando la película que habías elegido ver después de comer con tus primos cuando vinieron a ver patinar a la niña que había dicho que le hubiera gustado más aprender a hacer figuritas de papel que punto de cruz porque las labores de aguja no es ya que nunca hubieran sido la más notable de las habilidades que pudieran adornar a una joven como ella sino que y aun a pesar de que no las hubiera detestado como las detestaba jamás habría logrado hacerse merecedora de los elogios de los espectadores que ocasionalmente hubiesen tenido la ocurrencia de asistir a una representación que aun suponiendo que pudiera haber sido del agrado de los incondicionales no habría alcanzado a sorprender a tantos exigentes a los que todo les parece poco argumentando que siempre hubiera podido hacerse un poquito más sino tan sólo tratar de atender a la petición que me hiciste de si podría ayudarte a elaborar una perífrasis que pudiera ser del agrado de Acracia y tener tú el gusto de obsequiársela el día de su cumpleaños.

Nota: De esta manera tan sencilla e inocente en apariencia se desencadenó lo que quedaría ya para siempre en la memoria de los miembros de nuestra pequeña comunidad como "la guerra de las perífrasis" cuyo desarrollo puede seguirse detalladamente pulsando aquí.


domingo, 1 de mayo de 2016

Texto 10.23 (Último del décimo mensaje)


Publicado por El Aventurero el may 1, 2016 en Décimo Mensaje. El vehículo de la fe, el amor |


10.23 “Cuando los Titanes fueron derrotados por los Olímpicos el mundo agrandó la grieta del carácter banal e ilusorio de todas las cosas, la negación intelectiva se impuso como criterio a seguir imponiendo Zeus el patriarcado represivo. Desde entonces, en este reinado de los madyamikas, lo fenoménico ha sido perseguido y reprimido, arrastrando en esa perversión como símbolo a la mujer. Aunque lo femenino buscó tenazmente su vuelta del destierro a través del mundo del arte, incluso ahí el idioma dominante sigue siendo cognitivo, y a pesar de los esfuerzos realizados por la mujer para trasformar el modelo, en la mayoría de los logros conseguidos flota un grosero dominio de lo patriarcal. No debería ser olvidado que el único chakra abierto comúnmente a la percepción de los sentidos sigue siendo el muladhara”.


COMENTARIO DE EL AVENTURERO

Del rojo de las cuatro hojas de la flor de loto nacen, crecen y se expanden por el organismo las energías que configuran las estructuras masculinas y femeninas. Esta apertura lejos de ser sólo una ventaja es una responsabilidad. Una responsabilidad tal que, mal mirada, desemboca en un ejercicio de poder sobre la entrega del que nos sueña, o del que potencialmente puede llegar a hacerlo. Este tipo de actos han venido a establecer eso que se conoce como el patriarcado y el matriarcado, igual de dañinos ambos.

El patriarcado, que posiblemente esté dando sus últimos coletazos, ha relegado a la mujer a la sombra, a un segundo plano en todos los ámbitos, lugar desde donde ésta ha tenido la fuerza suficiente de florecer sin luz, a pesar de los intentos desde el poder de esconder de ella el Sol. Esta potencialidad de lo femenino, su compleja observación de la naturaleza, nos da visos de su auténtica fuerza y a la vez es posible que ayude a lo masculino a deshacerse del yugo de lo patriarcal. Pero no nos confundamos, la mayoría de reivindicaciones de la mujer a día de hoy no son más que un intento de ésta de asomar la cabeza con las mismas armas que el hombre un día usó para su sometimiento. El acercamiento que se puede observar a menudo en el comportamiento de la mujer hacia el comportamiento masculino no es más que un alejamiento obvio y muy dañino de lo esencialmente femenino. Sigue siendo el poder, desde lo sexual, lo que guía esta ilusión de florecimiento, sin embargo, a día de hoy y a diferencia con el pasado histórico más reciente, éste se ejerce a ojos de todos. Y lo que es peor aún, este ejercicio es aplaudido no sólo por hombres, si no también por las propias mujeres.

Entender lo femenino como una interrelación dependiente de todos los fenómenos que pueblan lo que denominamos naturaleza es esencial, y así nos lo apunta la interpretación madyamika de la teoría cuántica. Sin embargo, usar lo femenino, aún entendido desde esta perspectiva, como excusa de una complejidad malentendida que esconde y potencia los miedos y la cobardia, sólo da alas al modelo patriarcal del sistema desde el miedo y el sufrimiento masculinos.

Felicidad