miércoles, 23 de septiembre de 2015

EDUCAR LA SENSIBILIDAD

De las 25 o 30 horas semanales que se pasan en la escuela primaria, tan solo dos o tres, y a veces menos, se dedican explícitamente a la educación artística. La pintura, la música, la danza, el teatro, e incluso la poesía, no son herramientas habituales en el quehacer didáctico; como pueden serlo el cálculo, la lectura y la escritura. El Arte no es uno de los ejes de la educación sino solo un añadido. El Arte, sin embargo, es uno de los caminos más claros para educar eso que llamamos la sensibilidad.

Desde el punto de vista físico, la sensibilidad de un ser vivo es la capacidad que tiene de percibir sensaciones a través de sus sentidos; sean estos los de la ameba, el geranio, la jirafa o el ser humano. Gracias a ella los organismos detectan las variaciones de temperatura, luminosidad, composición química, etcétera que se producen tanto en su exterior como en su interior, y responden a ellas según corresponda: segregando sustancias, abriendo la boca, cerrando los ojos, acercándose, huyendo… Más allá de lo físico, también se llama sensibilidad a la capacidad de tener emociones o reconocerlas en otros y reaccionar a ellas; es decir, a la capacidad de sentir, de tener sentimientos como el amor, la ternura, la compasión o la pena. También suele...
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domingo, 20 de septiembre de 2015

Texto 9.10

Publicado por el sep 20, 2015 en Prólogo a la carta número nueve. La sangre del futuro 


9.10 “El cuarto cambio alimentario vino desde la antigua necesidad de luchar contra las plagas y las catástrofes impredecibles. Abonos que aseguraran las cosechas y productos que las protegieran contra los insectos y las plagas aparecieron como consecuencia de encuentros tecnológicos en los distintos campos de la Ciencia, y ello modificó como en anteriores cambios la estructura social, y sobre todo las condiciones biológicas. Cierto es que el veneno que elimina a un insecto no es capaz de destruir la vida de un ser humano, pero ¿cuántas dosis de insecticidas conservantes, bactericidas y otros productos tóxicos ingiere un hombre actual a lo largo de su vida?, ¿cómo todo ello influye en la flora bacteriana, en los aliados naturales, en los sistemas defensivos?, ¿cómo está respondiendo el sistema inmunológico a estas agresiones? Parece que, como punto de partida, los intereses económicos están primando sobre el análisis de sus consecuencias, y a pesar de que no deja de ser conocido, es silenciado por todos como si hubiera un acuerdo tácito de no desestabilizar el modelo. La antigua selección de animales para el consumo ahora es alimentado con piensos compuestos, y a veces de origen orgánico, con sus propios huesos y vísceras. Los rumiantes ya no rumian, y sus hembras son inseminadas en batería sin sentir el peso del macho.”