sábado, 31 de enero de 2015

Texto 8.10

Publicado por El Aventurero el feb 1, 2015 en Prólogo a la carta número ocho. Encima de las estrellas. 8.10 “Quizás cuando la transmisión de valores trascendentes formen la base del sistema educativo, el hombre comenzará a afrontar su destino, no como una obligación inevitable sino como una vocación ligada a un ciclo místico cuya brújula sería el amor. Desde ahí se puede llegar a percibir que por encima de las estrellas hay otro universo que también está representado en el nuevo cerebro, en el neocórtex, en la memoria del futuro”.

sábado, 24 de enero de 2015

ECONOMÍA DE LA DESIGUALDAD

por Raúl Pérez Ponce el 25 enero, 2015 en Economía, Política

El año pasado un pequeño equipo de una liga de futbol alevín (chavales de once años) fue amonestado por “humillar” a su rival tras ganarle 53-0. El equipo perdedor se retiró de la liga. Aunque no puedo evitar pensar que probablemente esos chavales no tenían mucho futuro en el mundo del futbol, lo que es […]

domingo, 4 de enero de 2015

LA FISCALÍA

por Isaac Salama Salama el 4 enero, 2015 en Derecho, Política

La reciente dimisión del Fiscal General del Estado nos permite reflexionar sobre el papel de una institución de la importancia de la Fiscalía en un funcionamiento democrático saludable. En el antiguo proceso penal inquisitorial, el mismo juez que investigaba la existencia de un delito, acusaba a los presuntos responsables y, eventualmente, los condenaba. Este sistema […]

Alicia 5 enero, 2015 at 18:50 #

¿Pero qué podemos hacer los ciudadanos?
Votar en unas elecciones a un partido o a otro no parece que fuese a solucionar las cosas.
Por otra parte, ¿cuál de los partidos merece credibilidad a ojos del ciudadano?
Al final se termina votando no al que se prefiere, no al que se elegiría con convicción sino nada más al que suponemos el “menos malo”; para venir así a resultar que el partido que gobierna a lo largo de cada legislatura no ha sido en verdad el deseado por quienes les votaron y sí nada más al que se resignaron.
Y luego, además, y tal y como está el panorama actualmente en que ninguno de los grandes sacaría posiblemente mayoría, aquel que más votos sacó (aun votado sin todas las ganas del mundo), digamos partido A, se ve obligado a pactar con otro (partido B) al que los que dieron sus votos al A es muy posible que no les guste en absoluto.
Y termina gobernando una coalición, una especie de amalgama descafeinada que ni es A, ni es B, ni la votó nadie y que, por aquello de los consensos y mandangas, es una cosa así como una sopa fría o un gazpacho caliente.
No sé por qué no tiene que haber en España, como sí hay en otros países, partidos más definidos, de marcada y claramente izquierda y marcada y claramente derecha. Y tener sus propios programas, todo lo radicales que estimen oportuno (aunque, también, todo lo que sea “extrema” tanto izquierda como derecha parece que produce sarpullido) y que él votante sepa si aquello que está eligiendo le convence realmente.
Pero en España no; en España todos los partidos quieren ser de “centro”, que no sé si es ser de centro o sólo estar colocado en el centro y tener así el abanico más abierto.
Vamos, que no hay diferencias sustanciales entre unos partidos y otros; que todos aspiran a gobernar pero no por hacerlo bien, sino por tener el poder, y el ciudadano no importa nada.
Pero… ¿qué hacer?
Abstenerse porque “todos son iguales” y meter la cabeza debajo del ala tampoco es solución.
Y votar en un acceso de rabieta, y sólo por castigar a lo ya conocido, al primer novedoso que llega prometiendo milongas inviables (por fortuna, que imaginadas llevadas a la práctica ponen los pelos de punta) pues tampoco parece que sea un criterio muy…
Así que, si los ciudadanos tenemos tan poquito arte y tan poquita parte (aunque se nos llene la boca con eso de “pueblo soberano”) en la decisión de quién nos gobierna, y los que nos gobiernan son tan determinantes en estos temas tan complejos de la Justicia, y si todos quieren tener más o menos las espaldas cubiertas y los hilos sujetos para no correr riesgos cuando cometan algún desmán… ¿para qué rayos hacemos falta ninguna los ciudadanos?
Por más, señor Salama, y entendiendo que usted tiene razón, que la sociedad queramos estar alerta y remediar algo, me temo que todo cuanto atinamos a hacer es, como se dice en algunos lugares de la geografía española, dar coces al aguijón. 

Pero, ¿y de qué sirve?