sábado, 28 de junio de 2014

Capricho

Noté cómo se agarraba con sus uñas a mi pecho, y trepaba, a la garganta, y allí se quedaba quieta esperando a que amainara la tempestad de un muy recio sentimiento de abandono, o de olvido, o de desprecio urdida en  alguna parte que no debía de estar lejos porque llegaba el bramido rugiente del tableteo de los disparos cruzados entre el querer y el no puedo.

“Tienes que poder” me dije.

“Tienes que querer” te reto.

Y así estuvimos un rato entre ir y venir de truenos, y de rayos y centellas y de la furia del viento que arrancaba en sus embates algún que otro brote tierno de qué fuera qué pudiese,  cuando aún estaba yo a tiempo de querer lo que pudiera no causarme sufrimiento,  ponerme a salvo de ciertas cogitaciones inciertas meditadas a la sombra del engaño en que era presa.

Hoy no sé si pude o quise, ni si amainó la tormenta,  o si fueron las inciertas cogitaciones traviesas meditadas a la sombra del engaño que se aleja, lo que arrancó de mi pecho las garras de una dolencia que se bate en retirada ya cansada ya discreta  sin dejar de sí más rastro  que una ya imprecisa huella de algo que fue qué no quiso la vida que se cumpliera.

domingo, 8 de junio de 2014

Texto 7.9



Publicado por El Aventurero el jun 8, 2014 en Prólogo a la carta número siete. El saco de la memoria.


7.9 “Parece que lo más importante no es lo que ha ocurrido sino cómo ha afectado el suceso a los múltiples elementos que definen el contorno, y sobre todo cómo afectará a los futuros acontecimientos; y para desentrañarlos, se intenta imaginar las intenciones ajenas a los procesos previos que desembocan en el hecho, incorporándolas como dato a la esencia. La multiplicación permanente de este hecho da como resultado lo que en realidad forma la base de datos del cerebro, una definición cambiante y subjetiva del pasado de todos los hombres y las posibilidades imaginadas en la mente de cada hombre”.

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