lunes, 17 de junio de 2013

Texto 5.19

Publicado por El Aventurero el jun 16, 2013 en Quinto Mensaje. En el aliento de Cronos

5.19 “Cuando a la vida se le otorga un valor absoluto y se la convierte en un fin en sí mismo, los sentimientos de ahogo y angustia dominan la consciencia, se desactivan las funciones más elementales. Crispación y fracaso paralizan y desatan la crisis que puede anunciar otro punto de partida. Cada hombre pasa miles de veces durante el tiempo de vigilia por desesperación, duda, resignación y resurrección, es algo consustancial al objetivo de vivir, al movimiento de las proteínas, al giro de la Tierra y al mito del tiempo. Si algo o alguien secuestrara la posibilidad de un solo pecado, habría paralizado el crecimiento vectorial de todas las virtudes, habría roto el inmenso trabajo que ha construido la red que alimenta todos los alientos. Pero los ángeles negros, los guardianes de los ritmos del sueño, saben que esa frontera está aun lejana a las facultades de la razón humana, y cuando se acerque no será necesario cruzarla”. 


Afrodita

17 junio, 2013

Vivir instalados en la eterna juventud y en la eterna belleza; y, si nunca se tuvieron… Bueno, rectifico, que juventud todos los ya no jóvenes la tuvieron (tuvimos, lo digo por mí), pero, la belleza, la belleza que quizás nunca se tuvo, pues, se compra…

La belleza se compra y la juventud se estira.

A base de tirones a la piel la juventud, literalmente, se estira. Se fantasea alargarla a base de ingredientes añadidos, “complementos” que dicen las modas. Se pretende conservarla amarrada a través del vestir, del maquillaje, de los productos que prometen maravillas, del comportarse, del declararse o manifestarse portador de “un espíritu joven” que, al remate, sólo logra evidenciarse como infantil y bastante grotesco.

Y en ese desvivirse por la juventud y la belleza los cuerpos y las almas devienen en una especie de pastiche en el que, no ya al ocasional observador sino al propio “usuario”, cuesta encontrar y reconocer algo… No se me ocurre qué algo. Sólo “algo”, a secas.

Otro tema, también chusco, es la salud.

De acuerdo que conviene cuidarla, pero dentro de un orden.

Si en los jóvenes ya resulta patético el empeño por no dejar de serlo no lo resulta menos el de los viejos por mantener a la muerte a raya; no importa para qué, pero a distancia. Los viejos — no diré todos, claro, pero sí una caterva — viven exclusivamente para prolongar su estancia en este mundo con la única finalidad de prolongarla y, para eso, se someten gustosos a la esclavitud de no hacer otra cosa que permanecer atentos a que sus cuerpos funcionen puntualmente.

Se levantan por la mañana ya pendientes de sus medicamentos y de sus citas con sus médicos; y entre toma y toma y cita y cita se dedican a esperar a la toma y a la cita siguiente.

Y así pasan los días. ¿Y para qué?

Casi nadie lo sabe. Y a casi nadie importa.

Se me ocurre un chiste en el que uno pregunta “¿qué es peor, la ignorancia o la indiferencia?”. El otro le contesta “ni lo sé ni me importa”.