viernes, 24 de mayo de 2013

De qué


¿De qué dijeron que fuera, fuera de lo que perdimos, de lo que fuese aquel algo que pensaron tuyo y mío no sería nunca tan fuerte, tan sólido, ni tan fino, como para poder nunca arrasar con qué vivimos cuando fuese lo que fuera lo que unió nuestros destinos no fue lo bastante sólido, ni tan fuerte, ni tan fino, como para no quebrarse y romperse en mil añicos?

¿De qué dijeron que fuese, fuera de lo que perdimos, de lo que fuera aquel algo que ni tú ni yo vivimos pero imaginaron ellos que sí que habíamos vivido estaba siendo tan fuerte, y tan sólido, y tan fino, que no iba a poder cortarlo filo de ningún cuchillo ni asestarle golpe alguno los envites del destino?

¿De qué dijeron que fuera de lo que fuese qué fuimos no habría de olvidarse nunca que lo que siempre tuvimos fue no tener nunca miedo a qué pudiera ser digno de ser tenido por fuerte, o por sólido, o tan fino, como para que pudiese ni quebrar ni hacer añicos lo que siempre estuvo al margen, fuera de lo que perdimos?

¿De qué dijeron, ni cuándo, para qué y con qué motivo, que fuera de lo que fuese lo que alguna vez seríamos no habíamos sido más cosa que mereciera ser dicho tanto como se dijera que si tú y que yo y que fuimos ya de fuego ya de aire ya de metal o del limo en que se forjan los cuerpos que luego labran destinos que nos llevarían tan lejos, fuera de lo que perdimos, que ya no encontraría nadie ni tus rastros ni los míos?

¿De qué, ni cómo, ni cuando, tenían derecho a decirlo no estando sabiendo nadie ni qué somos ni qué fuimos?

miércoles, 22 de mayo de 2013

En texto 5.15


Alicia

22 mayo, 2013


Bastante terrible el mundo de los pensamientos, la naturalidad con que sin saber cómo evitarlo los acoge el sentir por perversos que sean, y el peso con que influyen en el ánimo de quien ha de sobrellevarlos, con todos sus colores y todos sus matices que, tantas veces, se es consciente de que son una especie de enemigo contra el que no se sabe cómo luchar ni con qué armas.


Cualquier otro tipo de afección, un dolor por muy grande que sea pero localizado, en alguna parte del cuerpo, puede uno forjarse la ilusión de que como está ahí puede accederse a él, indicar en qué punto se encuentra exactamente y cómo es, y pormenorizar en qué consiste y compararlo con otros dolores ya padecidos por el sujeto que lo vive o por el interlocutor que tiene enfrente.


Un enemigo externo, un ser real, de carne y hueso, puedes decir “ese es” y explicarte y explicar por qué lo temes. Y puedes intentar buscar quien te argumente los motivos por los que ese “alguien” de ahí fuera no tiene ningún poder para dañarte, y, si los tuviese, uno también y desde su propia realidad, o tangibilidad, podría echar mano de mecanismos que contrarrestasen aquel mal…


Pero, los pensamientos, ¿qué se puede contra los propios pensamientos? ¿Cómo encontrar, desde el bloqueo que todo pensamiento negativo provoca, el pensamiento positivo que pueda actuar de contrapeso?


También existen, como es lógico, los pensamientos positivos; tan autónomos y tan ingobernables como los otros. Pero estos, los positivos, o bien es que son ellos más esquivos o es que cuando se hacen un hueco pasan más inadvertidos tal vez porque al no representar un “tapón” no duelen. Y del no dolor no suelen echarse cuentas, y basta con vivirlos sin cuantificarlos ni medir cuanto duran.


O quizás tienen que ver con los tiempos, con las circunstancias del entorno en que se vive. Y se tiene la sensación de vivir un mundo tan revuelto, tan plagado de amenazas por todas partes y de tan variopintas índoles, que eso genera de alguna manera un sentir torvo que se alimenta a sí mismo.


¿Podremos, entre todos los que vivimos, sacar adelante un mundo en el que se respira tanta inquietud?

domingo, 12 de mayo de 2013

Texto 5.14


Publicado por El Aventurero el may 12, 2013 en Prólogo a la carta número cinco. Pausas Imposibles

5.14 “En la cabeza de cualquier inocente de nuestro tiempo resonará esta cascada de preguntas, reclamando el espacio de una vida responsable. El cuerpo entero se estremecerá ante miles de posibilidades sin estrenar, y cualquier hombre que viva la crisis se sentirá grueso por dentro, como ocupado por una densidad enferma, y el mito de siempre se está bien donde no estoy yo empezará a sentirse por dentro como si algo te hubiese obligado a actuar de impostor de ti mismo. Pero parece que ya empiezan a decir los biólogos que todas las posibilidades que encierra el arca del genoma están disponibles, y todos los territorios inexplorados que rodean la frontera de la ignorancia están abiertos a dar la bienvenida a todo aventurero que sienta que nacer y vivir no es un acto rutinario de naturaleza casual y confusa”.