martes, 9 de abril de 2013

En comentarios al artículo de Raul Pérez Ponce titulado Monarquía y parlamentaria son términos contradictorios


Alicia Bermúdez 9 abril, 2013 at 11:11 #
En los últimos días trascienden noticias, que no es que no estuvieran trascendiendo ya y que fueran menos escandalosas, que rayan en lo verdaderamente alarmante. Me refiero a la monarquía que nos aqueja, por eso he buscado exactamente este artículo.
Sorprende, o creo que sorprende, aunque quizás en esta gran farsa que vivimos lo que sucede es que el conservar un mínimo de capacidad de sorpresa es sorprendente, que medios de comunicación muy críticos y pretendidamente objetivos con tantos aspectos de la actualidad (política, o económica, o social) sean tan… vamos a dejarlo en “mesurados” o “prudentes” o “corteses” — que me parecen eufemismos muy suavecitos — a la hora de tratar el proceder y los comportamientos de la familia real.
¿Cómo es posible que en el tema de Urdangarín se pretenda mantener el tipo o la desfachatez de sostener que “Su Majestad” está al margen de todo el asunto, porque de “Su Majestad” no se puede albergar la menor sospecha ni dudar de su “rectitud”, ni de su buen hacer, ni de su lealtad para con su país y para con sus ciudadanos?
Pero hasta los opinantes más ácidos y agresivos pasan de puntillas sobre el tema y miden cuidadosa (o temerosa)-mente sus palabras.
¿Por qué? ¿Por qué hay que ser tan servilmente hipócritas en un país del que, pese a todos sus males, se dice que es una democracia y que los ciudadanos somos libres, y que hay libertad de expresión?
Ayer mismo, hablando por teléfono con un amigo, expresé mi opinión de que el rey es un sinvergüenza (la verdad es que lo dije exactamente así). Bueno, pues mi amigo me reprendió porque, me dijo, esas cosas no se deben decir por teléfono.
Me quedé de una pieza. De verdad. Que una persona totalmente gris y anónima no pueda decir algo que, a fin de cuentas, tan sólo es dar coces al aguijón y, ¿Qué daño puedo estar haciendo, desde mi insignificancia, a nada ni a nadie?
El calificativo que apliqué (quizás en exceso rotundo, sí) venía al caso y al hilo de haber escuchado en la radio “Iñaki Urdangarín ha comunicado al rey que…”, bueno, eso de que se va a Qatar.
¿Cómo que Urdangarín ha comunicado al rey? ¿No está en todas las mentes que el rey ha echado mano de sus influencias y contactos para ponerlo a salvo (aunque con ser de “la familia” (Real) a salvo ya iba a estarlo) y en un país con el que, mire usted que casualidad, no tenemos tratado de extradición?
Bueno, pues no se dice.
Eligen para abogado de la infanta a un independentista catalán. Los mismos independentistas (bueno, creo que Miquel Roca ya no está en la política, pero de esa cuerda sí que es) que hace cuatro días taparon con un trapo (en no sé qué acto público) el retrato del propio padre de la propia infanta. Pero se hace abstracción de ese detalle y nos quedamos con que es que es un buen abogado.
¿No hay en España buenos abogados que no sean independentistas?
Luego está el asunto del heredero al que muchos vuelven los ojos argumentándose, no sé con qué ni cuánta convicción que “pero el príncipe es otra cosa”.
Y ahora salta el escándalo del libro del primo en el que, muy leal también él a su principesca prima y al papel que con méritos (o sin ellos) se supone que le corresponde en esta mascarada en que vivimos, destapa el secreto tan bien guardado de que un año antes de convertirse en princesa de Asturias se hizo practicar un aborto.
¿No debería alguien que está pretendiendo ser rey mirar con lupa con quién está contrayendo matrimonio?
Así que, entre unas cosas y otras. Vuelvo a preguntarme si de verdad tenemos algún tipo de libertades, en general, y de opinión y de elección y de expresión, en particular. Y si estamos menos sometidos y amordazados de lo que lo estaban los siervos en la época medieval aunque, eso sí, ahora tenemos un acceso a la información tan sesgado y tan amputado que es casi tan miserable como el no tenerlo.

domingo, 7 de abril de 2013

Texto 5.09


Publicado por El Aventurero el abr 7, 2013 en Prólogo a la carta número cinco. Pausas Imposibles

5.9 “A lo largo de la Historia conocida se perciben dos actitudes; la una sería partidaria de la secuencia infinita del tiempo a través de la suplantación permanente de la herencia, y la otra encarna la evolución, buscando traspasar la frontera de la farsa para entrar en el quicio de la realidad”.