domingo, 31 de marzo de 2013

En comentarios al texto 5.8


El tiempo, ese concepto que avanza despacio arrastrando en su caminar su propio andar pesado, cargado de cadenas, cuando lo que acontece se nos antoja ingrato; y tan ligero y silencioso, tan apenas leve soplo efímero en el que siquiera se repara, precisamente, cuando no lo pensamos.
¿Tienen algo en común, están emparentados ese tipo gordo y grosero que tanto se hace notar con sus múltiples ruidos y aquel otro liviano que parece empecinarse en pasar inadvertido?
Pero les damos a los dos el mismo nombre e incluso creemos que les damos a los dos el mismo trato.
Pero, no.
Al gordo y grosero lo valoramos, lo buscamos en las manecillas y en el tic-tac de los relojes, lo tememos a veces y otras muchas tratamos de atraparlo.
Al otro, al liviano, lo ignoramos y lo dejamos con absoluta indiferencia pasar de largo ocupados, como estamos (cuando lo estamos), en tan sólo disfrutar, aun sin tomar consciencia de ello, de que el gordo ni importa ni es en realidad nada, o nada al menos que tenga un peso específico en nuestra verdadera realidad que (en Realidad) le es tan ajena.
¿Será que nuestra verdadera realidad es que somos, cada uno, una partícula que, como comenta el aventurero, mientras no es observada está simultáneamente en todas las posiciones y tiene todas las velocidades?
¿Por qué entonces nos instalamos en nuestras posiciones y nos aferramos a nuestra lentitud en liberarnos de las cadenas que nos solemos colocar nosotros mismos con tanta destreza y tan prodigiosa celeridad?
¿Cuál es el verdadero; el bebé gordo que entre todos hemos parido y al que alimentamos y del que nos ocupamos, porque es “el nuestro” y nos pertenece, o el desconocido y no mensurable que nos ha parido y al que pertenecemos?
¿O es que ninguno de los dos existe y los hemos inventado?
¿Para que el uno nos sirva de lastre que al soltar nos catapulte a una Eternidad en la que tampoco hay un lugar para el otro?

domingo, 3 de marzo de 2013

Texto 5.4

Publicado por El Aventurero el mar 3, 2013 en Prólogo a la carta número cinco. Pausas Imposibles

5.4 “Entonces se podrá entrar en el secreto de que no estimula el gen a la proteína como un pájaro que despliega sus plumas de colores, y que tampoco adopta la proteína movimientos ondulantes o formas insinuantes para inducir o seducir al gen”.