domingo, 28 de octubre de 2012

Texto 4.14

Publicado por El Aventurero el oct 28, 2012 en Prólogo a la carta número cuatro. Herencias
4.14. “Todo idioma corporal, todo movimiento, está induciendo modificaciones en el esquema energético interno, pero ¿cuántos movimientos se hacen buscando el estereotipo, cuántos favorecen la depuración de la capacidad interna hacia la expansión de la consciencia?; la ortodoxia evolutiva (la heterodoxia convencional) define dos tipos de acciones idiomáticas corporales: una que está dedicada a proteger la actitud ignorante de la comodidad y la negación, y otra que está predicando miradas nuevas, pulsos de aventura, tactos de encuentro, que está renunciando a cómo estás para atisbar el resplandor de otra luz, el encuentro con el ser arropado por la fe en el amor”.

sábado, 20 de octubre de 2012

De la eternidad y de lo eterno


Términos que utilizamos con ligereza sin saber qué significan fuera de los límites de nuestro entender y de nuestra percepción. Porque los humanos no podemos, desde nuestra finitud, alcanzar el sentido ni la dimensión de nada que quede más allá de los límites a los que por nuestra propia condición tenemos acceso.
De hecho, cualquier concepto, o idea, o sentimiento, a los que llamamos eternos terminan demostrándonos que en realidad no lo eran; no eran la réplica, la imagen que tenemos en nuestra mente de lo eterno.
¿Habrá que entender entonces que no existen realidades eternas?, ¿o tendremos que admitir que sí, o que tal vez, pero que son realidades creadas no a nuestra medida y no para nosotros?
¿No será tal vez que las eternidades de las que nos asimos no son realidades?
Todo lo que habita en nuestro cuerpo, y en nuestro intelecto, tiene forzosamente un principio y un fin; y todo lo que el cuerpo y el intelecto pueden abarcar tiene ineludiblemente que tenerlos también.
Pero llamamos “eternas”, tan desahogados y sin pararnos en barras, a contingencias que se dan en unas circunstancias concretas (y quizás irrepetibles, sí, pero) que, y para eso son circunstancias, dejarán de tener entidad tan pronto la sustancia en que se asientan cambie de estado o de lugar o de tiempo o de modo.
¿Por qué nos cuesta tanto admitir algo que sabemos?
¿Por qué nos obstinamos en fantasear eterno ese pequeño, limitado, mensurable y siempre terminable sentimiento al que llamamos amor?
Y no pretendo decir que es que no existe; pero sí que no lo conocemos, porque no nos cabe.
No nos cabe cabe2  la sensatez o la razón.


Marquito ñ