domingo, 1 de abril de 2012

Texto 3.19


Publicado por El Aventurero el abr 1, 2012 en Tercer mensaje. Peregrinos de una tierra sacralizada

3.19 “Una esfera de agua que rueda subiendo por el monte de los siete campanarios es uno de los símbolos de la Alquimia; representa la combinación múltiple, el estado poliforme, la ruptura de un mundo uniforme trazado sobre el deber la deuda y la utilidad, y contrario a la interacción y a la inteligencia”.



Afrodita2 abril, 2012

No sé si es que no te estoy leyendo bien, Aventurero, pero me quedo bastante perpleja y escalofriada.
No sé tampoco si lo que siempre he entendido por moral es una aberración, ni si con la acepción que desde mi inteligencia le doy al concepto de moral estoy dividiendo el mundo en culpables e inocentes, ni sin con esa división estoy favoreciendo el mantenimiento del modelo; ni si la moral impone conductas contrarias a la inteligencia.
En el párrafo siguiente al que contiene esto que leo — o interpreto de forma equivocada — hablas de la moral dogmática, que conduce al hombre hacia el utilitarismo. En tal caso (quiero imaginar) no te estás refiriendo tal vez a la misma moral a la que estoy refiriéndome yo. Tal vez con “moral dogmática” estés refiriéndote a “legalidad”, a rendirse a admitir como bueno o como correcto lo amparado por la ley con independencia de la calidad esencial de los actos susceptibles de ser juzgados desde una oficialidad.
Ahí a lo mejor podríamos estar de acuerdo si te estuviese yo entendiendo. Pero sospecho que no te estoy entendiendo.
Cuando yo digo “moral” o pienso en moral me estoy refiriendo a una especie de sentido absoluto, arraigado en lo más profundo del ser y del sentir, que no es sobornable, ni matizable ni negociable bajo ningún tipo de presión, ni de argumento ni de condicionante; vamos, una especie de cosa diametralmente opuesta a aquella frase de Groucho Marx cuando decía “estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”.
Diametralmente opuesta digo porque creo – y practico hasta donde puedo y aun me intento alargar a un poquito más allá de lo que en el mundo en el que vivo me lo permite — en una moral a la que no pienso renunciar por nada en este mundo o en cualquier otro mundo de los que el destino pueda deparar. Es decir, que si hay que ir al infierno se va, pero iré muy cargada de mi convicción y de mi firme voluntad de no renunciar a mis principios, y que sea lo que Dios o todos los demonios quieran.
Es posible que me muestre tan intolerante porque ha llegado a mis oídos que la ministra Ana Mato ha dado, o asignado, o regalado, ciento setenta y no sé cuántos mil euros para abortos, o para subvenciones a clínicas abortistas, o para no sé qué asquerosidades; y eso me tiene indignada y revuelta hasta unos extremos indescriptibles e inenarrables.
Otra cosa, ahora para Manolo, dices “Necesitamos desarrollar una inteligencia que nos permita generar pensamientos cada vez más complejos”. Y yo, fíjate lo que son las cosas, estoy cada día más harta de que es mundo se esté convirtiendo de día en día más cada vez en una especie de elite de cultos, listos y exquisitos donde los que no sabemos discernir ni leer entre líneas ni hilar fino parece que lo que merecemos (o lo que nos espera) es ser expulsados.
Parece que lo único que merece ser aprendido es aquello que ha de ser explicado; y, claro, para explicar algo la explicación ha de ir necesariamente dirigida del más listo al más tonto, y así todos seríamos parecidos a los listos pero prescindiendo y ahogando qué somos cada uno.
Quiero un mundo en el que hasta el más torpe tenga acceso a entender, con sus propios alcances y con sus propios medios; y opino que todo lo que tiene que ser analizado, desmenuzado, interpretado, asimilado, interiorizado y no sé cuántos más “ados” es del todo prescindible; y si no lo es yo por lo menos no lo quiero.

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Qué será lo que

29 agosto, 2012

¿Qué será lo que seremos cuando donde estemos sea no este Mundo en el que somos pobres proscritos que fueran condenados al destierro y a errar y a buscar la vera del camino que nos lleve a la primigenia Tierra que nuestro Creador creara para que creciera en ella todo cuanto el alma puede alcanzar en su nobleza y en su saber y en su esmero y en su hacer lo que debiera haber sido lo que hiciesen los que pudiendo tenerla la perdieron por su sola ignorancia y su soberbia?
¿Qué será lo que algún día comprenderemos dijeran las palabras que nombraron la ganancia de la hacienda refiriéndola al sustento simbolizada en la lucha cotidiana por haberla?
¿Qué será lo que nos guarda, lo que nos cuida y pondera la medida en que aun no siendo acreedores a la auténtica Felicidad que se aguarda y nunca se ve que llega nos mantiene lo bastante despiertos para quererla alcanzar aun a sabiendas de que no siendo aquí ahora la que tenemos certera mal podremos, infelices, saber ver la verdadera?
¿Qué será lo que nos guía?
¿Qué será lo que nos lleva?
¿Qué lo que nos ilumina y qué lo que se alimenta de esa pasión desgarrada y ese empeño que no cesa por entender las palabras que nuestro Creador dijera cuando al desterrarnos lejos del Paraíso y de su diestra estaba también poniéndonos en la senda verdadera y privándonos tan sabio de vivir en la torpeza y crecer en la ignorancia de pensar que sin buscarlas ni esforzarnos por quererlas encontraríamos las claves de la dicha que se encierra en aprender de qué modo encontraremos la llave que nos abrirá las Puertas de la Eternidad que aguarda más allá de las estrellas?