domingo, 9 de diciembre de 2012

Texto 4.20 (Último del Prólogo a la carta número cuatro)

Publicado por El Aventurero el dic 9, 2012 en Prólogo a la carta número cuatro. Herencias

4.20 “Por eso, todo hombre que busque la pureza ha de saber comenzar por asumir su estado, y renunciando a él, dejar que penetre una transformación, una metamorfosis que siempre seguirá ofreciendo la felicidad de lo efímero como paso a lo trascendente”.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Tres por cuatro


Tres por cuatro doce lunas veinticuatro medias noches cuarenta y ocho las horas de dos días y los primores como guardan en sus manos pequeñitas los relojes que marcan midiendo el tiempo desvelado del insomne que despertará sabiendo que mientras la vida ronde la muerte tendrá perdida la partida en que el redoble de tambores que se alejan dejando en el horizonte el batir de alas truncadas y arrancadas de sus goznes las bisagras que dan juego con ventaja y sin mandoble a los goces de maltrechos malhadados estertores que se escapan cual malquistos despreciables malhechores que no hicieron otra cosa que mal echar por la borda qué hubo de bueno algún día en los idiotas que adoran a dioses que sólo quieren que nada les haga sombra que oscurezca las virtudes de un hacer que no les honra más allá de la espesura que se expande y que desborda los límites de las lindes de lindezas con que exornan la exhortación a dar pábulo por fuerza y en mala hora a qué dijeron las voces de los proscritos que ahogan en silencio las verdades que a sus gargantas afloran sentenciadas a ser muertas si osan salir de las bocas.

Flor

domingo, 28 de octubre de 2012

Texto 4.14

Publicado por El Aventurero el oct 28, 2012 en Prólogo a la carta número cuatro. Herencias
4.14. “Todo idioma corporal, todo movimiento, está induciendo modificaciones en el esquema energético interno, pero ¿cuántos movimientos se hacen buscando el estereotipo, cuántos favorecen la depuración de la capacidad interna hacia la expansión de la consciencia?; la ortodoxia evolutiva (la heterodoxia convencional) define dos tipos de acciones idiomáticas corporales: una que está dedicada a proteger la actitud ignorante de la comodidad y la negación, y otra que está predicando miradas nuevas, pulsos de aventura, tactos de encuentro, que está renunciando a cómo estás para atisbar el resplandor de otra luz, el encuentro con el ser arropado por la fe en el amor”.

sábado, 20 de octubre de 2012

De la eternidad y de lo eterno


Términos que utilizamos con ligereza sin saber qué significan fuera de los límites de nuestro entender y de nuestra percepción. Porque los humanos no podemos, desde nuestra finitud, alcanzar el sentido ni la dimensión de nada que quede más allá de los límites a los que por nuestra propia condición tenemos acceso.
De hecho, cualquier concepto, o idea, o sentimiento, a los que llamamos eternos terminan demostrándonos que en realidad no lo eran; no eran la réplica, la imagen que tenemos en nuestra mente de lo eterno.
¿Habrá que entender entonces que no existen realidades eternas?, ¿o tendremos que admitir que sí, o que tal vez, pero que son realidades creadas no a nuestra medida y no para nosotros?
¿No será tal vez que las eternidades de las que nos asimos no son realidades?
Todo lo que habita en nuestro cuerpo, y en nuestro intelecto, tiene forzosamente un principio y un fin; y todo lo que el cuerpo y el intelecto pueden abarcar tiene ineludiblemente que tenerlos también.
Pero llamamos “eternas”, tan desahogados y sin pararnos en barras, a contingencias que se dan en unas circunstancias concretas (y quizás irrepetibles, sí, pero) que, y para eso son circunstancias, dejarán de tener entidad tan pronto la sustancia en que se asientan cambie de estado o de lugar o de tiempo o de modo.
¿Por qué nos cuesta tanto admitir algo que sabemos?
¿Por qué nos obstinamos en fantasear eterno ese pequeño, limitado, mensurable y siempre terminable sentimiento al que llamamos amor?
Y no pretendo decir que es que no existe; pero sí que no lo conocemos, porque no nos cabe.
No nos cabe cabe2  la sensatez o la razón.


Marquito ñ

jueves, 27 de septiembre de 2012

Una señora (fragmento)


– Una señora no debe…
– ¡Ah, pero yo no soy una señora! — Replicó con una cierta vehemencia.
                Luego, más pausada:
– “Señorita” — y con una sonrisa que suavizaba el tono, agregó con orgullo —: me las arreglé para que mis novios me dejaran por otras.
                Y, en voz muy baja, como quien confiesa un secreto de esos que nunca deben desvelarse, “¿Porque  qué necesidad hay, verdad, de herir a nadie?”.
Grapadora




martes, 25 de septiembre de 2012

La casa pequeña

Porque había la casa grande y también la casa pequeña. Eran las dos del mismo estilo, del que tenían antes ciertas casas señoriales que sin pertenecer propiamente a ninguno arquitectónico sí llevaban todas, o al menos en su memoria es así, el sello de un cierto señorío en sus muros sólidos, de ladrillo rojo sentado y oscurecido por el tiempo. Estaban una a cada lado de la calle Duque de Sevilla, la grande en el número 14, lo recuerda bien porque era la dirección oficial del colegio, la que figuraba en los membretes y donde estaban los despachos, y la capilla, y el gimnasio y las cocinas y el gran portón color verde de doble hoja que abrirían antaño quizás quienes viviesen allí entonces de par en par para que entraran los carruajes pero del que ahora ― quiere decir su ahora de entonces ― se abría nada más una puerta pequeña en la hoja de la derecha; y el umbral de esa puerta es el que ella debía cruzar forzosamente antes de las 9 si no quería tener que suplicar encarecidamente a Margarita, la sirvienta que ejercía de implacable cancerbero, que por favor, por favor por favor, Margarita, déjeme entrar.
En la casa pequeña sólo había aulas, la dirección no era imprescindible utilizarla para nada y, por eso, cree que nunca se prestó atención al número. Sí estaba bastante más al principio de la calle y, como todo lo que rodeaba a ambos edificios era campo, cabe suponer que antes de trazar la calle las dos casas habían estado dentro de un mismo recinto; de hecho se decía, en el colegio, que las dos habían pertenecido a los duques de Sevilla, y que por eso la calle llevaba ese nombre. Había una niña, algo mayor que ella, a la que se conocía con el apodo de Chota – puede, dice, parecer un apodo raro, pero así era, y que desde luego no se le daba ningún tono despectivo o burlón porque era una niña con muchas amigas, y muy respetada como lo son las niñas de buena familia; ese tipo de niñas a las que las profesoras reprendían, sí, si era necesario, pero no con la acritud que se emplearía con las personas de clases inferiores – y de la que nunca conoció su verdadero nombre que, por lo visto, pertenecía a esa familia.


domingo, 9 de septiembre de 2012

Texto 4.7


Publicado por El Aventurero el sep 9, 2012 en Prólogo a la carta número cuatro. Herencias


4.7 “Ulises tapó los oídos de tantos navegantes, que puede que en algún momento se cansen de cantar las sirenas por falta de público; y mientras tanto los charlatanes, bañados por la saliva sobrante de una multitud estática y errante, predican en play back secuencias que ya eran antiguas en los tiempos de las razas”.

COMENTARIO DE EL AVENTURERO
La palabra, y el idioma como forma consensuada de entendimiento parece facilitar las relaciones entre los seres humanos, posibilitando aquello que denominamos; comunicación. Pero hay un matiz del idioma que nos desgasta lentamente hasta convertir el idioma en una recreación de nuestra razón, y ese matiz son nuestras obsesiones o ruido mental. Un ruido construido por las millones de rodadas sobre los mismos circuitos neuronales. Estos circuitos viciados, desde la verbalización constante en nuestra cabeza, hacen del uso del idioma una camisa de fuerza para nuestra creatividad. Nos contamos cientos y cientos de veces lo que ya sabemos, esta rutina que conforma el ruido mental y que llega en oleadas a nuestro cerebro no solo es fruto de una dificultad para dejar el vació en el que se pueda asentar algo nuevo, sino que está bien indizada desde el poder para aturdir nuestra capacidad de libertad.

Somos bombardeados una y otra vez con mensajes contradictorios, se vende la autosuficiencia (falta de dependencia), al mismo tiempo que no sabemos ni cambiar una rueda, arreglar un enchufe o saber cultivar un tomate. Se nos vende la cultura y la educación y no sabemos distinguir un cuadro bueno de uno mediocre ni distinguir a un artista de un impostor.

Sin embargo nos hacen creer que dominamos todas las disciplinas porque tenemos Wikipedia y que las distancias entre los seres humanos se han desvanecido porque tenemos facebook. Pero en lo profundo sabemos que no es verdad y lejos de clarificarnos nos empiezan a aflorar sensaciones contradictorias sobre lo que día a día nos encontramos alrededor, ¿Realmente quiero trabajar? -Si cada rato en el trabajo estoy pensando en salir de él- ¿Es amor lo que siento o me lo estoy inventando? ¿Y tengo que vivir con mi pareja y tener hijos y pagar una hipoteca?

Mientras todo esto sucede nos van metiendo el medio en el cuerpo, miedo a no cruzar por el paso de cebra, miedo a no pagar los impuestos, miedo a no ejercer ese derecho tan maravilloso como el de votar, miedo a no saber inglés, miedo a no tener una casa, a no tener pareja…. miedo .Con este soniquete mental vamos enmarañando nuestra capacidad heroica de cambio y empezamos a generar pequeñas rutinas mentales desde las que creemos que conocemos todo lo que nos puede pasar, y además, hemos definido como va ser nuestro futuro. De esta forma nos adocenamos nosotros a nosotros mismos constantemente, para controlar los miedos que nos han y hemos ido generando.

Es obvio que no hay mejor rehén que el que no quiere escapar de sus captores.

Hay que desentrañar los miedos impuestos para dejar de ser manipulables. Hay que fomentar la capacidad de análisis y la capacidad sensitiva para romper la monotonía. Hay que liberar nuestra propia capacidad idiomática para identificar las trampas que el modelo nos vende y así dejar de ser cómplice inocente de sus fechorías. Hay que dar un nuevo sentido a la palabras, por ejemplo bienestar, sí vemos claro que dicha palabra no implica lo mismo hace tres siglos que ahora, debemos comprender que no podemos otorgarle el máximo valor al concepto actual de bienestar o nunca transformaríamos esa situación. Sin embargo nos venden el bienestar como una situación concreta estipulada a conseguir en la cual si YO tengo casa, tele, coche y vacaciones en la playa las cosas van bien aunque al lado se esté muriendo alguien porqué ha dejado o nunca fue útil. Mientras no desenmascaremos a las palabras de las connotaciones impuestas, nosotros mismos perpetuaremos en muchas situaciones el modelo aún sin ser conscientes. El valor del lenguaje debe entroncarse con una búsqueda y así conceder nuevas posibilidades a nuestra ya vieja realidad.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Dicen que


Dicen que si hay otros mundos, y que en ellos otras gentes, y que allí todo es distinto de lo que en éste se entiende por bondad y por belleza, por verdad y por mentira, por realidad y entelequia, por amor y desapego y por todo cuanto encierra el sentido de la vida que vivimos los mortales moradores de esta Tierra que tan inconsciente gira alrededor de qué vemos qué palpamos y qué oímos y qué es lo que nos alienta a, al despertar cada día, echar a andar mundo adelante sin echar atrás la vista y sin pararnos en barras olvidarnos de qué pinta la inquietud en nuestras almas y qué ese empuje que incita a no querer alejarse de afectos que nos dejaron con el corazón vacío y la miel entre los labios.

Composición

miércoles, 29 de agosto de 2012

Qué será lo que


¿Qué será lo que seremos cuando donde estemos sea no este Mundo en el que somos pobres proscritos que fueran condenados al destierro y a errar y a buscar la vera del camino que nos lleve a la primigenia Tierra que nuestro Creador creara para que creciera en ella todo cuanto el alma puede alcanzar en su nobleza y en su saber y en su esmero y en su hacer lo que debiera haber sido lo que hiciesen los que pudiendo tenerla la perdieron por su sola ignorancia y su soberbia?  
¿Qué será lo que algún día comprenderemos dijeran las palabras que nombraron la ganancia de la hacienda refiriéndola al sustento simbolizada en la lucha cotidiana por haberla?
¿Qué será lo que nos guarda, lo que nos cuida y pondera la medida en que aun no siendo acreedores a la auténtica Felicidad que se aguarda y nunca se ve que llega nos mantiene lo bastante despiertos para quererla alcanzar aun a sabiendas de que no siendo aquí ahora la que tenemos certera mal podremos, infelices, saber ver la verdadera?
¿Qué será lo que nos guía?
¿Qué será lo que nos lleva?
¿Qué lo que nos ilumina y qué lo que se alimenta de esa pasión desgarrada y ese empeño que no cesa por entender las palabras que nuestro Creador dijera cuando al desterrarnos lejos del Paraíso y de su diestra estaba también poniéndonos en la senda verdadera y privándonos tan sabio de vivir en la torpeza y crecer en la ignorancia de pensar que sin buscarlas ni esforzarnos por quererlas encontraríamos las claves de la dicha que se encierra en  aprender de qué modo encontraremos la llave que nos abrirá las Puertas de la Eternidad que aguarda más allá de las estrellas?


Mandala (5)

lunes, 4 de junio de 2012

Palabras que se embridan

Palabras que se embridan y se atascan prendidas con agujas que se clavan en qué ha de significar lo que se dice sin perder el sentido de la marcha más allá de la inmediatez que cerca y traba, ahoga, descoyunta y las recaba para ser portadoras desalmadas de qué significado es el preciso que anudará la desnudez del todo con el apenas nada que concita el pensamiento neto que se espanta no del horror envuelto en la irredenta sensación de ausencia en la mirada de horizonte alguno que se oriente del lado al que se vence la balanza que con su fiel, agudo y sentenciero, no desviará ni un ápice el recuerdo del rescoldo que arropa el sinsentido de tanto errar sin importar qué grito ni proferir juramento que al romperse destroce con un golpe el seco hastío que no conoce otro rumbo que el vencido galopar a través del ser perdido en un lugar imposible del camino que serpentea y se quiebra y se retuerce en el dolor que se despeña y que se yergue, una vez más, en pos de su caída; nueva siempre.

Zapato negro

viernes, 1 de junio de 2012

Textos 4.1 y 4.2

Publicado por  el jun 1, 2012 en Prólogo a la carta número cuatro. Herencias 

4.1 “Hestia, la diosa virgen del fuego, representó la pureza, pero difícilmente se entendió la inmensidad del sentido simbólico de su arquetipo”.
4.2 “Se nos ha transmitido la pureza como lo estático, lo intocado, lo que no es posible mancillar ni contaminar. Probablemente el sentido de la pureza no es factible entenderlo si cada uno no desarrolla su propia experiencia, si cada persona no llega a ver con sus propios ojos, o a oír sus propios sonidos, o a definir su propia relación con su naturaleza, con el mundo, con el cosmos, con la esencia, con su alma”.

domingo, 1 de abril de 2012

Texto 3.19


Publicado por El Aventurero el abr 1, 2012 en Tercer mensaje. Peregrinos de una tierra sacralizada

3.19 “Una esfera de agua que rueda subiendo por el monte de los siete campanarios es uno de los símbolos de la Alquimia; representa la combinación múltiple, el estado poliforme, la ruptura de un mundo uniforme trazado sobre el deber la deuda y la utilidad, y contrario a la interacción y a la inteligencia”.



Afrodita2 abril, 2012

No sé si es que no te estoy leyendo bien, Aventurero, pero me quedo bastante perpleja y escalofriada.
No sé tampoco si lo que siempre he entendido por moral es una aberración, ni si con la acepción que desde mi inteligencia le doy al concepto de moral estoy dividiendo el mundo en culpables e inocentes, ni sin con esa división estoy favoreciendo el mantenimiento del modelo; ni si la moral impone conductas contrarias a la inteligencia.
En el párrafo siguiente al que contiene esto que leo — o interpreto de forma equivocada — hablas de la moral dogmática, que conduce al hombre hacia el utilitarismo. En tal caso (quiero imaginar) no te estás refiriendo tal vez a la misma moral a la que estoy refiriéndome yo. Tal vez con “moral dogmática” estés refiriéndote a “legalidad”, a rendirse a admitir como bueno o como correcto lo amparado por la ley con independencia de la calidad esencial de los actos susceptibles de ser juzgados desde una oficialidad.
Ahí a lo mejor podríamos estar de acuerdo si te estuviese yo entendiendo. Pero sospecho que no te estoy entendiendo.
Cuando yo digo “moral” o pienso en moral me estoy refiriendo a una especie de sentido absoluto, arraigado en lo más profundo del ser y del sentir, que no es sobornable, ni matizable ni negociable bajo ningún tipo de presión, ni de argumento ni de condicionante; vamos, una especie de cosa diametralmente opuesta a aquella frase de Groucho Marx cuando decía “estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”.
Diametralmente opuesta digo porque creo – y practico hasta donde puedo y aun me intento alargar a un poquito más allá de lo que en el mundo en el que vivo me lo permite — en una moral a la que no pienso renunciar por nada en este mundo o en cualquier otro mundo de los que el destino pueda deparar. Es decir, que si hay que ir al infierno se va, pero iré muy cargada de mi convicción y de mi firme voluntad de no renunciar a mis principios, y que sea lo que Dios o todos los demonios quieran.
Es posible que me muestre tan intolerante porque ha llegado a mis oídos que la ministra Ana Mato ha dado, o asignado, o regalado, ciento setenta y no sé cuántos mil euros para abortos, o para subvenciones a clínicas abortistas, o para no sé qué asquerosidades; y eso me tiene indignada y revuelta hasta unos extremos indescriptibles e inenarrables.
Otra cosa, ahora para Manolo, dices “Necesitamos desarrollar una inteligencia que nos permita generar pensamientos cada vez más complejos”. Y yo, fíjate lo que son las cosas, estoy cada día más harta de que es mundo se esté convirtiendo de día en día más cada vez en una especie de elite de cultos, listos y exquisitos donde los que no sabemos discernir ni leer entre líneas ni hilar fino parece que lo que merecemos (o lo que nos espera) es ser expulsados.
Parece que lo único que merece ser aprendido es aquello que ha de ser explicado; y, claro, para explicar algo la explicación ha de ir necesariamente dirigida del más listo al más tonto, y así todos seríamos parecidos a los listos pero prescindiendo y ahogando qué somos cada uno.
Quiero un mundo en el que hasta el más torpe tenga acceso a entender, con sus propios alcances y con sus propios medios; y opino que todo lo que tiene que ser analizado, desmenuzado, interpretado, asimilado, interiorizado y no sé cuántos más “ados” es del todo prescindible; y si no lo es yo por lo menos no lo quiero.

***
Qué será lo que

29 agosto, 2012

¿Qué será lo que seremos cuando donde estemos sea no este Mundo en el que somos pobres proscritos que fueran condenados al destierro y a errar y a buscar la vera del camino que nos lleve a la primigenia Tierra que nuestro Creador creara para que creciera en ella todo cuanto el alma puede alcanzar en su nobleza y en su saber y en su esmero y en su hacer lo que debiera haber sido lo que hiciesen los que pudiendo tenerla la perdieron por su sola ignorancia y su soberbia?
¿Qué será lo que algún día comprenderemos dijeran las palabras que nombraron la ganancia de la hacienda refiriéndola al sustento simbolizada en la lucha cotidiana por haberla?
¿Qué será lo que nos guarda, lo que nos cuida y pondera la medida en que aun no siendo acreedores a la auténtica Felicidad que se aguarda y nunca se ve que llega nos mantiene lo bastante despiertos para quererla alcanzar aun a sabiendas de que no siendo aquí ahora la que tenemos certera mal podremos, infelices, saber ver la verdadera?
¿Qué será lo que nos guía?
¿Qué será lo que nos lleva?
¿Qué lo que nos ilumina y qué lo que se alimenta de esa pasión desgarrada y ese empeño que no cesa por entender las palabras que nuestro Creador dijera cuando al desterrarnos lejos del Paraíso y de su diestra estaba también poniéndonos en la senda verdadera y privándonos tan sabio de vivir en la torpeza y crecer en la ignorancia de pensar que sin buscarlas ni esforzarnos por quererlas encontraríamos las claves de la dicha que se encierra en aprender de qué modo encontraremos la llave que nos abrirá las Puertas de la Eternidad que aguarda más allá de las estrellas?

viernes, 24 de febrero de 2012

Mote para "Dile al viento que"

Dile al viento que se pare, que no sople y que se calle en los oídos de los niños y en las bocas de sus padres; de sus padres, de sus madres, sus abuelos y quién sabe si algún amigo lejano de la suegra de un viandante o cercano de un sobrino de un pariente navegante.
Díselo,  díselo al viento;  que no silbe y que se pare,  que se calle y que no sople secretos en los oídos de los torpes, tontos, necios, insensatos y mendaces  que no saben y no quieren dar los pasos que los lleven a algún día ser más listos, más buenos y más audaces y a aprender la voz del viento y a sentirlo, y a escucharle.
Díselo, díselo al viento;  dile al viento y a su padre el Dios que todo lo envuelve y la madre que lo pare, lo detenga y no lo deje de su mano desviarse lejos del soplo divino que divinamente yace tan tranquilo y tan sereno en el silencio que pace sobre los campos abiertos, las montañas y los mares.
Díselo,  díselo al viento;  y que se lleve de calle por atajos y veredas oscuros e intransitables la insensatez insolente que se mece y que subyace adormecida y perpleja, asombrada e insondable, entre las sombras sedientas de vientos que las arrasen y liberen las candelas que velan por alumbrarles.


Pulsen en el título los que prefieran la versión rap.

Marquito 15

domingo, 1 de enero de 2012

Texto 3.12



Publicado por El Aventurero el ene 1, 2012 en Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos

3.12 “Cada zona del mundo tiene sus mantras, sus sonidos y sus deidades e idealidades, y sus piedras sagradas y sus colores y sus tiempos; por eso cada país ha de afrontar el presente con su Historia y con sus ritos, borrando las rayas pintadas en el suelo y quitando los barrotes a la sensibilidad para que nazca la inteligencia, porque el futuro no se inventa: lo descubren las musas que despiertan al hombre hacia estados superiores de consciencia.”


Afrodita

2 enero, 2012


Alguna vez leí, o escuché, no sabría decir dónde, que El Quijote era una obra universal porque (entre otras cosas) era… no recuerdo exactamente la palabra, pero “localista” o algo así; como que desde lo pequeño — un par de personales “insignificantes” — y un lugar pequeño y perdido sin quizás interés para nadie, se hace una especie de síntesis del alma humana.

Don Quijote y Sancho no vieron mundo, no se nos cuentan en el libro viajes a países lejanos y exóticos; pero se dice mucho en él de… eso, lo que he escrito más arriba, el alma humana.

Otra cosa.

Yo he viajado muy poco y durante toda mi infancia y parte de mi juventud creía que los lugares remotos y las gentes de otras partes eran muy diferentes de los de “aquí”. Me regalaron un libro que se llamaba “Los niños de otros países” y recuerdo que me fascinaba leer de sus costumbres, y de sus vestimentas, y de sus juegos tan distintos de los “nuestros”.

Luego, cuando ya de mayor he visto otros países y otras gentes — siempre en películas, o en documentales de la 2 — no he sabido qué lugar era o de qué gentes se trataba si la voz en off no decía el nombre del país.

Todo es igual, o muy parecido; si no te lo aclaran puedes estar viendo Ciudad del Cabo y pensar que es Nueva York, o Hong Kong. Todo está contaminado lo uno de lo otro, todo es ya una especie de magma amorfo sin identidad.

Debe de ser bueno, y yo así lo creo, que en muchos aspectos se acorten distancias, que las culturas que no son “la nuestra” no se perciban como algo hostil o amenazante que pretende borrarnos, o absorbernos, invadirnos y borrarnos y hacernos desaparecer; pero también debe de ser bueno, y así lo creo también, que cada pueblo, o cada raza, o cada creencia religiosa, conserve su identidad.

Creo que sólo conservando la esencia, el centro mismo, o la raíz, de cada una de todas las culturas — desbrozado de atavismos e histerismos y manías — se llegará a una aceptación y comprensión del que es distinto; siempre, claro, que para aquellos para quienes los “distintos” somos “nosotros” utilicen la misma vara de medir.

Pienso que a eso, y a otras cosas (más sutiles, por supuesto) es a lo que se refiere el autor en este texto.

Afrodita

2 enero, 2012


Fe de erratas:

Donde he escrito personales quise escribir personajes.

En el penúltimo párrafo quise escribir: siempre, claro, que aquellos para quienes los “distintos” somos “nosotros” utilicen la misma vara de medir.


***


Afrodita

10 enero, 2012


Antónimus:

Debía yo de andar espesa o somnolienta cuando leí tu comentario del día 3 y, al leerlo hoy de nuevo, me percato de que tú interpretaste (o así me parece) que yo tengo algún tipo de prejuicio hacia la inmigración, o los inmigrante, o cualquier tipo de mestizajes.

No, nada más lejos de mi ánimo. Ya sé que este país en el que vivo y en el que nací es el resultado de mestizajes entre pueblos de lo más dispares; y me parece bien, y hoy por hoy hay, en mayor o menor medida, en cada español un algo de celta, o de romano o de godo o de judío o de moro; y eso es riqueza, tanto desde y para lo que concierne a la sensibilidad como a los aspectos culturales.

Pero los colores (por expresarlo de algún modo) están ahí, definidos; las características y rasgos y virtudes y defectos se fueron mezclando (me lo imagino como muchísimas bolas de colores en un tarro de cristal) y el resultado es multicolor; y eso es bueno, sí, pero deja de ser bueno si los colores se diluyen y todo se vuelve gris. Y eso es lo que no me agrada, que el mundo sea gris y que por contemporizar con no sé qué criterios de abnegación o de buenismo ya nadie sea nadie, ya no exista una identidad no por la que luchar pero sí por la que conservar un respeto.

Y, por otro lado, mira qué broncas hubo sobre esta península, y sobre toda Europa, hasta que los ánimos se asentaron y hoy somos, sin mayor sobresalto, alemanes u holandeses o franceses y andaluces o gallegos.

Y en nuestros tiempos modernos. Estuve en Londres (como turista, sólo unos días) hace cerca de treinta años y me maravilló ver a gentes de distintas razas, por las calles, en el metro, todos tan distintos pero con una especie de algo, que parecía a mis ojos brillar en los suyos, o ir impreso en sus frentes, que rezaba en letras muy grandes “me siento en mi casa”. Y me dio gusto y al mismo tiempo envidia; aquí no habíamos empezado a tener todavía inmigración, o no masiva, y pensé como un sueño imposible que aquí, en España, nunca sucedería que gentes de tan lejos dijeran — con sus ojos, o con su aplomo, o con su forma de moverse o de permanecer quieto — “estoy en mi casa”.

Afrodita

10 enero, 2012


(sigo)

Pero terminamos por tenerlo; inmigrantes llegados de todas partes. Y lo único de ellos que me produce aprensión y, quizás, algo de miedo, es que no veo en sus miradas esa sensación de “estoy en casa” sino más bien (o más mal) “estoy en un territorio hostil, entre extraños por los que he de hacerme aceptar” e incluso, en ocasiones, tengo la impresión de que nos miran como demandando “yo soy el débil, el desposeído y el desvalido; y tú, ricachón occidental, tienes que solucionarme la vida y llevarme en brazos”.

Y hay una especie de lucha, al estilo moderno y urbano pero quizás tan enconada como las que hubiera entre… (en ese jardín no voy a meterme, que la Historia que aprendí fue en el bachillerato y ya no recuerdo si se peleaban los godos con los celtas o con los romanos o cuáles con cuales porque también me suena algo de astures y de bárbaros y de vikingos y de hunos; pero me hago mucho lío); y de a poquitos se irán suavizando hostilidades y viviremos algún día en casas de vecinos donde nos saludaremos, tan normales, en el ascensor, por la mañana, con el judío que va al templo y con el musulmán que va a la mezquita y con el católico que va a misa, y con el negro y sus trencitas y con…. Ay, se me acaba la cuerda.

Y que todos seamos tan amigos, pero que el mundo no se vuelva gris ni monocorde en ninguno de los aspectos imaginables.

Pero, insisto, creo que falta mucho para que eso ocurra.

Vaya discurso que me he largado, sin quebrarme los cascos y ni repasar; que sólo le doy al corrector ortográfico por si hay alguna falta gorda. Pero mal redactado y expresado chapuceramente sí que puede estar. Y allá va.