viernes, 1 de julio de 2011

Texto 3.2

Publicado por El Aventurero el jul 1, 2011 en Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos

3.2 “Las cuevas rupestres muestran vestigios de obras, no solo históricas y antropológicas sino con verdadera factura artística. Pocos dudan hoy, excepto los muy interesados en mantenerlo, que no fueron cobijos o viviendas de elementales cazadores sino verdaderos santuarios. Parece, por la condición de tabú que aquellos pueblos atribuían a la piedra, que las viviendas eran construidas a base de madera en forma de palafitos; esos pueblos pasaron de ser recolectores y cazadores trashumantes a agricultores y ganaderos, dando lugar a aposentamientos estables. La selección genética para lograr el animal doméstico requiere un minucioso y complicado proceso y sobre todo la transformación de frutos silvestres en cosechables es aun hoy un verdadero misterio sobre el que se fabulan todo tipo de especulaciones”.

Afrodita

3 julio, 2011


No sé si le pasa a más personas o sólo a mí; pero siempre me he imaginado a aquellos que llamamos “hombres primitivos” como personas rudas y hoscas que no sabían ni reír ni llorar, obsesionados con la supervivencia, atareados todo el día en con qué llenar la barriga e incapacitados para sentir interés ni emoción por nada que no fuese la inmediatez.

Y sin embargo también tengo muchas veces la sensación de que los envidio al pensarlos tan libres. Claro que la vida sería muy dura y ellos correrían muchos peligros; aunque a lo mejor no tantos porque tal vez las fieras — creo que tengo un sentido un poco fílmico de la antigüedad — no anduviesen todo el rato buscándolos para comérselos…

Lo que no se me ocurre, no se compone de forma espontánea en mi cabeza, es que pudieran ser un peligro entre sí, los unos para los otros; y seguramente sí lo serían, como ocurre con los que somos ahora.

Pero, bueno, volviendo al texto del autor y al sentido del arte de aquellas gentes. Hoy, entre nosotros los modernos, el arte es una cosa cara, costosa; hay que tener una cierta sensibilidad para poder apreciar cualquier manifestación del arte; parece también — o me lo parece a mí — que la creación artística no merece la pena del esfuerzo de realizarla si no va a ser valorada por los que son “como nosotros”, que la elogiarán y (si tienen dinero) la comprarán y la colocarán en el salón de su casa… para que la vean las visitas y se enteren no sólo que es uno persona de buen gusto (o malísimo, que hay obras de arte que ponen los pelos de punta) sino también pudiente.

En ese aspecto es en el que digo que ellos eran libres porque… ¿Qué los impulsaba a ser artistas? Y, encima, no siquiera firmaban sus obras, como sin afán ninguno de pasar a la posteridad.

¿Qué los motivaba?

¿Dónde estaba el crítico, o el experto, el entendido que sabía hacer una criba y “tú pintas bien pero tú, en cambio, lo haces muy mal; así que dedícate a otra cosa”?

¿O es que el que tenía ganas de pintar o le gustaba hacerlo se ponía, sencillamente, y el que no sentía esa inclinación no se ponía?

Y, así las cosas, el que no se interesaba por la pintura la dejaba sencillamente estar porque, total, qué importaba que estuviera pintarrajeado algo que no era una pared de una casa a la que fueran a acudir y a criticar las cuñadas “porque hay que ver esta zángana…”; y al que sí le interesaba, “pues mira qué bonito está”. Aunque seguro que también desaparecieron muchas cosas porque “no, no me ha quedado bien”.

Todo ello con independencia (que ahí no me meto) de que con sus pinturas y dibujos estuvieran enviando ruegos o peticiones a sus dioses.

(Sigue)
***
Afrodita

3 julio, 2011

(Sigo)

Lo que quiero decir, lo que me pregunto es qué es el arte en realidad.

Por eso me creo yo que ellos eran más libres que nosotros; que no sufrían la “presión social” ni estaban supeditados a los convencionalismos, o no a ciertos convencionalismos, por lo menos…

No sé, pero muchas veces, cuando veo fachadas llenas de grafitis y las personas civilizadas se indignan, y cuando los servicios de limpieza de los ayuntamientos acuden a borrarlos y dejarlo todo limpito porque “esas gamberradas” afean las ciudades, me pregunto si no se estarán destruyendo (aunque no siempre, claro) algunas obras de verdadero arte ejecutadas por gentes a quienes lo único que mueve su sentido del arte, en sí mismo, sin atender a ningún sentimiento práctico, ni a ningún sentido de propiedad ni de titularidad ni de fama.

Vamos, que si aquellas gentes hubieran vivido en una sociedad tan estructurada como la nuestra, con criterios tan concretos como los que nuestro mundo civilizado da por buenos, lo mismo no quedaba ni rastro de “estas mamarrachadas, que mira cómo me ha dejado las paredes esta panda cretinos”.

Y sin embargo esas obras llevan ahí, cuánto… ¿vente mil o treinta mil años?

Esto me lleva a conjeturar que cualquier creación que por las razones que sea se salva de los rigores de los juicios de sus coetáneos es, ella sola, la creación en sí misma y el espíritu aprehendido en ella de quien la creo, la que se juzga a sí misma (en sentido figurado, claro) y decide si prevalece o no como obra de arte.

Ahora no sabemos actuar, manifestarnos con ese desasimiento ni con esa limpieza. Por eso pienso que aquellas gentes eran más libres.

Cuando estoy a punto de hacer clic en “editar” se me pasa por la cabeza que tal vez el verdadero arte es sólo, y siempre, una forma de rezar.

O puede que lo esté diciendo nada más por redondear; es muy difícil saber si se es sincero en cualquier cosa que se haga o se diga.

Me he pasado en un montón de caracteres.
***
Afrodita

10 julio, 2011

Unos que aportáis conocimientos, otros que opináis, algunos que compagináis una cosa con la otra, la verdad es que está la cosa muy interesante; tanto que se me apelotonan sensaciones, o pensamientos enraizados en todo ello, que acabo por no saber distinguir si término por discurrir mejor o peor. Pero, a fin de cuentas es discurrir; y eso llevará a laguna parte… ¿O tal vez no?

Esta vez, Luz, te he leído con verdadero gusto; te has expresado con bastante más claridad y algo más de aplomo que en otras ocasiones. Digo sólo “algo más” porque no es que termines las frases ni lleves un orden pero, bueno, entendiendo que tantas cosas como tienes en la cabeza no caben en el espacio de tiempo que lleva el teclear a la velocidad vertiginosa que al parecer llevas, se puede soportar.

En todo lo que escribes hay mucho de subjetividad, de tu juicio personal, pero qué aburrimiento sería el mundo, y los habitantes todos idénticos, sin juicios ni criterios personales…

No me disgusta, por otra parte, porque a mi Darwin y aunque sin poder argumentar en condiciones el porqué nunca me ha resultado simpático.

Deduzco, de lo que escribes, que al difundirse sus teorías incidieron negativamente en la sociedad, en la humanidad, y arraigaron y tuvieron su efecto sobre la economía, la política, tal vez también sobre la filosofía; de modo que fue bastante responsable de que el mundo que tenemos ahora mismo sea bastante cruel.

Siempre he pensado que para que se produzca una situación, la que sea, no es ineludiblemente necesario que la motive un gran acontecimiento o algo terriblemente espectacular o convulsivo; basta tal vez dar un paso, sólo un primer paso por un camino equivocado para que ese camino — que estaba arrancando en su primer instante del mismo punto que otros infinitos caminos que no se tomaron — nos lleve a grandes y quién sabe si no irreparables errores y disparates.

Tal vez no fue Darwin el primero, aunque sí el primero en sostener su teoría, pero no el primer ser humano que dio un primer paso poco afortunado; y así, un desvío de la verdad (o de la bondad) aquí, y otro desvío — ya por el camino desviado —un poquito más allá, han ido enmarañando el discurrir de todo lo vivo y alejando, a todo, de su para qué original que, me parece a mí, va a resultar muy difícil que se encauce.

Bueno, nada más es una reflexión, pero que me lleva a considerar si cada acto, por insignificante o inocuo que sea, de cada uno de los que vivimos, no estará dejando una huella (buena o mala) mucho más indeleble sobre todo cuanto nos rodea de lo que alcanzamos a imaginar.

Y, otra cosa, Luz ¿Te acuerdas de que me regañaste por leer libros de divulgación?

En tus comentarios tú has escrito cosas que sabes y que yo ignoraba. Todo el que escribe algo para otros que saben menos (o apenas nada) del tema que él domina está haciendo divulgación. Y gracias a la divulgación — sin dejar de ser verdad que no se llegará a ser un entendido, pero nadie es un entendido en todo —se resquebrajan las barreras de la ignorancia; e incluso aunque en ocasiones la divulgación pueda contener inexactitudes o aún errores abre, de algún modo, la puerta a interesarse por temas en los que tal vez jamás se pensó. Y eso nunca será malo.

Y, cambiando de asunto, no entiendo por qué tenemos los humanos esa manía de considerarnos, tan listos como somos con nuestros coches y nuestras tecnologías y nuestros emespetrés y otros ingenios— que hasta con la comida, escuché a un cocinero muy prestigioso que preparaba pollo al curry cuya “novedosidad” consistía en que lo que parecía curry era pollo y lo que parecía pollo era curry — , los primeros “seres inteligentes” habitando el planeta; y de llamar a todos los que estuvieron antes “primitivos”. A ver si vamos a estar siendo una especie de involución zarrapastrosa de algo que fue mucho mejor…

A mi me parece Ex-colástico que no es que abandonaron las cavernas si no que no llegaron a habitar en ellas. Y que siempre fueron lugares de culto. Igual que después las catedrales.

***
Afrodita
13 julio, 2011

En el centro de esta discusión, que por otra parte es interesante y mucho, los profanos en la materia asistimos a las respectivas argumentaciones como quien acude a un partido de tenis, viendo un lado y viendo el otro pero sin un criterio (yo por lo menos) al respecto.

Desde mi ignorancia y ateniéndome a la letra, si no he leído mal, no me parece que Luz afirme que el SIDA no exista sino que el VIH no lo causa.

De todos modos siempre y en todos los terrenos del saber ha habido desencuentros y posiciones enfrentadas entre sus diferentes… no me sale la palabra, entendidos, expertos, algo así. Médicos que sostienen una teoría y médicos, igualmente documentados y respetables, que sostienen la contraria. Y economistas (no sé si son los keynesianos los que dicen que lo bueno es gastar y otros grupos aseguran que lo que funciona es ahorrar; o lo mismo es al revés). E Historiadores, que si te cuenta las cosas uno o te las cuenta otro resulta que no te están contando lo mismo. Y filósofos… pero si hasta filósofos de tanto postín como Heráclito y Demócrito uno decía “nada es, todo cambia” y el otro que “todo es, nada cambia”.

O sea, que es muy posible que Nuba y Luz no podáis poneros de acuerdo; y ambas estáis documentadas y tenéis vuestras razones para mantener vuestras posturas respectivas.

El ciudadano de la calle, la gente corriente, no alcanzamos la mayoría a tener muy clara cuál es la relación o falta de ella entre el VIH y el SIDA; pero la idea extendida es que se trata de una enfermedad de trasmisión sexual, que se da entre homosexuales (y entre heterosexuales promiscuos, de esos que dicen que hay que gozar de la vida, y que “mi cuerpo es mío” y ese tipo de cosas) y personas que consumen drogas.

Así que, a las cortas luces de esta ignorante que soy, no contraer el SIDA tiene una solución facilísima: Ser comedido con los “placeres de la carne” o, para expresarlo en términos más llanos que me resultan más de mi estilo, no hacer guarrerías.

Oye, Loli:

¡Tienes razón!

Después de tanto que me gustó tu explicación de la circulación de la sangre, a la hora de escribir voy y pongo “circuito cerrado”, imaginándolo exactamente como lo vería un niño dibujado sobre un papel, o en una lámina de un libro de anatomía, sin tener para nada en cuenta el constante intercambio con el mundo exterior.

Siempre he pensado, y creo que soy sincera si digo que no es por justificar mi torpeza, que todo lo vivo está dando y recibiendo constantemente “a” y “de” toda la vida en la que todos estamos inmersos; pero es cierto también que a la hora de escribirlo lo expresé de una forma totalmente errónea.

Gracias por hacérmelo notar.