domingo, 31 de octubre de 2010

Texto 2.8


Publicado por El Aventurero el oct 31, 2010 en Prólogo a la segunda carta. En busca de los sueños

2.8 “¿A dónde nos lleva?; ¿quizá a hacer iguales los diferentes?; ¿a cuántos se somete sin tener consciencia de ello?; ¿existen los iguales? El viejo maestro Confucio en la antigua China trató de lograr una sociedad homogénea a través del estudio de los ritos, las formas y la armonía en el movimiento, poniéndolo al servicio del Emperador. Parte de sus enseñanzas todavía permanecen en el funcionamiento psicológico del pueblo. Con el tiempo, el confucianismo se convirtió en una religión animista con cientos de dioses que había que contentar ante cualquier circunstancia”.

Afrodita

1 noviembre, 2010

Anoche escuchaba una tertulia en la radio mientras trasteaba con el ordenador, mi atención andaba así un poco repartida y no tenía mucha consciencia de estar atendiendo a de qué se hablaba. Hoy, al leer los comentarios que van publicados (creo que en especial el último, el de Aquiles), me ha venido a la memoria la voz de uno de los contertulios contando cómo una periodista entrevistaba a un criminal que iba a ser ejecutado en breve en algún lugar de Estados Unidos.

La periodista le preguntaba (no recuerdo las palabras exactas) qué le habría gustado tener, o qué echaba de menos. Sí recuerdo que el hombre respondió “una madre que me dijese qué está bien y qué está mal”.

Es necesario, como indica Enrique en su pregunta y Aquiles en su respuesta, que exista un Confucio antes de un Lao-Tse; que haya unas normas básicas que tomar como marco de referencia para una forma de conducta. Lo malo es cuando ese marco deja de ser una referencia y se convierte en un corsé.

Las “herencias del sarampión occidental del 68” (Enrique) es un ejemplo de ese corsé. Todos, o muchos por lo menos de los “progres” de entonces se quedaron enquistados en su propia progresía.

“Porque cada uno ha de aportar su individual esencia al funcionamiento colectivo”. Es muy cierto.