miércoles, 14 de julio de 2010

Textos 2.2 y 2.3


Publicado por El Aventurero el jul 14, 2010 en Prólogo a la segunda carta. En busca de los sueños


2.2 “Entendamos que cada marca de la piel, cada raya de las manos, cada deformación del pie, cada gesto espontáneo es un pictograma que está contando historias, que está reviviendo memorias; y los montes, surcos y manchas de la geografía dérmica podrían contar cuentos de encuentro y desengaños, descubrir deseos y desvelar los secretos más escondidos en los almarios de las emociones”.


2.3 “Ese órgano que en apariencia separa el mundo exterior es un libro de múltiples hojas que lleva escrita la vida, y puede que algo más. Gran parte de los determinantes de la morfología, de las formas, e incluso de la colocación y proyección particulares, son consecuencias del hábito, del movimiento automatizado y del tipo de vida que abarca desde el trabajo hasta las costumbres lúdicas o los ritos de diversión”.



Afrodita

28 julio, 2010


Siempre que he leído la frase he interpretado “ese órgano que en apariencia nos separa del mundo exterior”, aun teniendo plena consciencia de estar incorporando palabras que no están ahí escritas; y lo he dado por bueno sin mayor complicación.

No es sin embargo descartable el que existan interpretaciones más elaboradas; y entendiendo que no es descartable me viene a la memoria (lástima que no lo puedo repetir como era y ni siquiera de manera aproximada) algo que leí en un numero antiguo de la revista Ananda en la que se decía (más o menos, ya digo) que el piloto no es su avioneta.

Puestos a hilar fino tal vez las personas no debiéramos pronunciar nunca la palabra “yo” porque, me pregunto, ¿a “qué”, exactamente, de nosotros nos estamos refiriendo cuando decimos “yo”?

“Estoy triste”.

“Me duele una muela”.

“Tengo hambre”.

“Tengo miedo”.

Son sólo ejemplos de sentires que, por su propia naturaleza, no parece que puedan localizarse en el mismo “yo” que fantaseo como una especie de desdoblamiento entre el verdadero, íntimo, auténtico, al que de algún modo que no se expresar “me debo” y, eso otro, más inmediato y corporal, al que “me doblego”.

Parece, en cierto modo, como si ambos yoes funcionasen a veces como cómplices y, otras veces, como enemigos empecinados en… fastidiarse mutuamente.

Hay teorías, parece que no formuladas a tontas y a locas, que sostienen que enfermedades del cuerpo (muy específicamente del cuerpo, con biopsias y todo tipo de certificaciones que parecen fiables) tienen su origen en problemas o conflictos emocionales mientras que (y es algo que todos hemos comprobado en algún momento) una dolencia puramente física, o incluso en apariencia casi del todo ajena (como pueda ser, por poner un ejemplo, cualquier carencia de índole enteramente material) termina dañando nuestra psique.


Así que, sí. Parece bastante creíble que hay un “yo” interno y, quizás, el auténtico; y otro, más reconocible, más a flor de esa piel en la que por unos días nos demoramos. Este segundo yo, sería, supongo, o será, la avioneta de la que leí en Ananda.


***
Afrodita
28 agosto, 2010


Llevada de la nostalgia o la querencia entro en el blog sin esperar encontrar nada nuevo hasta el próximo miércoles; pero ahí está Neith con su primer comentario y, naturalmente, también el Aventurero publicándolo.

Ha sido una agradable sorpresa, un grato avance de la vida de invierno más serena, más asentada que la vida de verano en la que se tiene – tengo yo, al menos – no sé qué sensación de transitoriedad y de que las cosas no arraigan.

Bienvenidos todos los que vais regresando y a ver cómo entre unos y otros le vamos hincando el diente a los nuevos textos.

Besos