domingo, 28 de febrero de 2010

Texto 1.13


Publicado por El Aventurero el feb 28, 2010 en Prólogo a la primera carta. Siguiendo Rastros

1.13. “Pero hay influencias más significativas si cabe; cada pisada deja una huella en el pie al tiempo que en el suelo, cada acción incide en el mundo y en los referentes éticos, cada pensamiento transforma la piel, altera el sistema nervioso y dibuja una estrella en el iris de los ojos; la magnitud de influencia de cada uno de esos vectores que conducen a la realidad está determinada por la escala móvil de valores que establece la consciencia”.
Mandala (14)

Qué-vedos?

7 marzo, 2010

El escritor, hombre o mujer cuya profesión y oficio es la escritura, porque es la escritura lo que profesa y en lo que oficia con independencia de que el tal oficio vaya o no vaya a ser beneficio, y concretamente el escritor de historias, fábulas o inventos que no el escritor de verdades, o tesis o teorías o tratados cual pueda ser la filosofía ― que escapan todas ellas por su propia entidad, aunque a veces coincidan, a lo que es per se el hecho literario ―, se devana los sesos a veces cavilando si una misma historia va ser más o menos creíble y va a tener más o menos fuerza si se la narra en primera o en tercera persona.

Es por eso tal vez que en ocasiones se plantea algo muy simple que no tiene por qué ocurrírsele al que no es escritor – o no se vive o se percibe a sí mismo como tal, aunque a lo mejor y sin saberlo lo sea ― y que consiste en, sobre una carta, por ejemplo, sustituir todos los “yo” por “él” o “ella” y todos los “hice”, “dije”, “sentí” o cualesquiera otros verbos que el texto pueda contener por “hizo”, “dijo”, “sintió”, etc.

Lo mismo aunque en sentido diferente sucederá si por el contrario las sustituciones se hacen sobre una novela; escrita en tercera persona, que es lo más frecuente.

Resulta sorprendente el comprobar cómo aún conservándose la trama, sin modificar ni una sola situación, ni ningún hecho, ni ninguna circunstancia, la historia da un giro de 180 grados, los personajes y sus cualidades lo dan también, el protagonista con el que en un principio se simpatizase pasa a ser percibido como un ser odioso, y el antagonista como un ser encantador.

La historia, una vez terminada, será obra literaria o nada más (y en el mejor de los casos) best seller; en función de si el escritor ha sabido elegir el punto de vista, el lado en el que se debe colocar.

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Afrodita
7 marzo, 2010


Cuando estaba esta mañana en una de las tantísimas manifestaciones contra el aborto que han tenido lugar en ciudades de todo el mundo pensaba qué fácil es, ante un hecho concreto y puntual, simpatizar y sentirme afín, amigo de las personas que estaban allí, hablando y manteniendo tesis con las que – participando o en silencio – se está de acuerdo.

Y era bonito pensarlo.

Pensaba también que, en cualquier otro lugar y en cualquier otra circunstancia, caeríamos en la cuenta – ellos, yo, cada uno – de que ya no nos caíamos tan simpáticos.

Y eso era ya menos bonito.

A veces depositamos en otros, fuera de nosotros, no quizás de forma intencional, cualidades imposibles de absolutez y eternidad.

Por lo general nos damos cuenta en seguida de que las cosas ni son tan simples ni son tan así; pero en el entretanto, en el instante que media entre la alucinación y el darse cuenta, culpamos a todo y todos los demás de no ser lo que quisiéramos encontrar siempre y en todas partes.